Cómo establecer límites sanos – Psicóloga online

.Soy María Jesús Suárez Duque, psicóloga colegiada Nº P-02293. Puedes contactar conmigo directamente al teléfono 630723090 o por WhatsApp

Psicóloga online para mejorar tus habilidades sociales

María Jesús Suárez Duque – Doctoralia.es

 Leyes para establecer límites sanos

Primera ley: La ley de causa y efecto

En ocasiones,  la gente no cosecha lo que siembra, porque alguien interviene y les cosecha las consecuencias por ellos. Si cada vez que usted gastó de más, su madre le envió dinero para cubrir los sobregiros o los abultados saldos de la tarjeta de crédito, usted nunca cosechará las consecuencias de su despilfarro. Su madre lo estará protegiendo de las consecuencias: el acecho de los acreedores o el pasar hambre. Como bien lo evidencia la madre en el ejemplo anterior, la ley de la siembra y la cosecha puede ser interrumpida. Y suelen ser las personas carentes de límites las que provocan la interrupción, interviniendo y socorriendo a los irresponsables.

Rescatar a una persona para que no sufra las consecuencias naturales de su conducta, le permitirá continuar con su comportamiento irresponsable. El irresponsable no sufre las consecuencias; otra persona sí.

Segunda ley: La responsabilidad

Comprende el amarse mutuamente. Los problemas aparecen cuando los límites de responsabilidad son confusos. Debemos amarnos unos a otros, no «ser» unos por otros. Yo no puedo sentir sus sentimientos por usted.

En resumen, no puedo crecer por usted; solo usted puede hacerlo. Del mismo modo, usted no puede crecer por mí. Su responsabilidad es usted mismo. Mi responsabilidad soy yo mismo. La Biblia, además, nos dice que debemos tratar a los demás como quisiéramos que nos trataran a nosotros. Si estamos marginados, desamparados y sin esperanza, no cabe duda que desearíamos recibir ayuda y amparo. Esto es una parte muy importante de tener responsabilidad «hacia» los demás. Otro aspecto de la responsabilidad «hacia» los demás se manifiesta no en dar sino en fijar límites a la conducta destructiva e irresponsable de otra persona. No es bueno rescatar a las personas de las consecuencias de su pecado; solo conseguirá tener que volver a hacerlo la próxima vez. Habrá reforzado el patrón.

Es el mismo principio que rige la crianza de los niños; es perjudicial no poner límites a los demás.

Tercera ley: El poder

Las personas en terapia y recuperación manifiestan una confusión común:

¿Me es imposible dominar mi conducta? Si no puedo dominarla, ¿cómo se me hace responsable de mis actos? ¿Qué cosas sí puedo dominar?

Los alcohólicos admiten que no pueden dominar el alcohol; no tienen el fruto del dominio propio. Esto es falta de domino.

Si bien usted no tiene poder en sí y de sí mismo para vencer estos patrones de conducta, sí tiene poder para producir los frutos de la victoria en el futuro:

1. Tiene poder para estar de acuerdo con la verdad acerca de su problema.

2. Tiene poder para entregar su incapacidad a Dios. Siempre podemos solicitar ayuda y entregarnos.

3. Tiene poder para buscar a Dios y a otros y pedirles que le revelen cada vez más qué cosas están comprendidas dentro de sus límites.

4. Tiene poder para darle la espalda al mal que mora en usted. Esto se llama arrepentimiento. 

5. Tiene poder para humillarse y pedirle a Dios y a otros ayuda para tratar las lesiones sufridas durante su desarrollo y las necesidades pendientes desde la niñez. Muchas partes problemáticas provienen de vacíos internos, y necesita buscar a Dios y a otros para satisfacer esas necesidades.

6. Tiene poder para reconciliarse con quienes ha lastimado y reparar el daño.

La libertad engendra libertad

No es posible cambiar ninguna otra cosa: ni el clima, ni el pasado, ni la economía: y mucho menos, a los demás. No se puede cambiar a otra persona. Se sufre más por querer cambiar a otros que de ninguna otra enfermedad. Esto es imposible. Lo que puede hacer es influir en otros. Pero hay una trampa. Como no puede forzar el cambio, usted debe cambiar para que los patrones destructivos de ellos no tengan efecto sobre su persona. Cambie el trato con ellos; quizá los motive a abandonar sus viejos esquemas si ya no les resultan útiles. Cuando se libera de otra persona, se da otra dinámica: usted recupera su salud y ellos lo pueden notar y envidiar lo saludable que está. Pueden querer algo de lo que usted tiene. Por último, necesita sabiduría para saber qué usted es y qué no es.

Juzgamos las decisiones que los demás hacen sobre los límites, creyendo que nosotros sabemos mejor cómo «deberían» dar, lo que suele querer decir: «¡Deberían darme como yo quiero!» . Si juzgamos los límites ajenos, los nuestros serán juzgados con la misma vara. Si condenamos los límites ajenos, esperemos que condenen los nuestros. Esto genera un ciclo de temor que nos hace sentir miedo de poner los límites que necesitamos poner. Como resultado, accedemos, luego lo resentimos, y el «amor» que hemos «dado» se torna agrio. Debemos respetar los límites ajenos. Necesitamos amar los límites ajenos para exigir respeto por los propios. Necesitamos tratar los límites ajenos como nos gustaría que los demás trataran a los nuestros. Si amamos y respetamos a quienes nos dicen que no, ellos amarán y respetarán nuestro no. 

Nuestra preocupación con respecto a los demás no debería ser: «¿Hacen lo que yo haría o lo que quiero que hagan?», sino: «¿Hacen una libre elección?» Cuando aceptamos la libertad de los demás, no nos enojamos, ni nos sentimos culpables, ni escatimamos el amor cuando nos ponen límites. Cuando aceptamos la libertad de los demás, nos sentimos mejor con la propia.

Quinta ley: La motivación

 Entre las motivaciones que nos impiden poner límites se encuentran:

1. Temor a la pérdida del amor o al abandono. Dan para recibir amor, y cuando no lo obtienen, se sienten abandonados.

2. Temor a la ira de los demás. Debido a viejas heridas y límites débiles, algunas personas no toleran que alguien se enoje con ellos.

3. Temor a la soledad. Algunas personas ceden ante los demás porque sienten que así «ganarán» su amor y terminarán con su soledad.

4. Temor a dejar de «ser bueno». 

5. La culpa. Muchas personas entregan todo de sí porque sienten culpa. Se esfuerzan por hacer bastantes cosas buenas para sobreponerse a la culpa interior y sentirse bien consigo. Como cuando dicen que no, se sienten mal, continúan esforzándose para sentirse bien.

6. Retribución. Muchas personas han recibido cosas acompañadas con mensajes de culpa. Por ejemplo, sus padres les han dicho cosas como: «Nunca tuve lo que tú tienes.» «Debería darte vergüenza todo lo que tienes.» Se sienten obligados a retribuir todo lo que han recibido.

7. Aprobación. Muchas se sienten todavía como niños que buscan la aprobación de sus padres. Por lo tanto, cuando alguien les pide algo, necesitan dárselo para que este padre simbólico se «quede bien contento».

 8. Identificación extrema con la pérdida de otros. Muchas veces las personas no se han sobrepuesto plenamente a todas sus decepciones y derrotas, por lo que cuando su «no» priva a otro, «sienten» la tristeza de esa persona elevada a la enésima potencia. Como no soportan lastimar tanto a alguien, acceden.

El asunto es el siguiente:

Hemos sido llamados a ser libres, y esta libertad produce gratitud, un corazón rebosante, y amor a los demás. Dar abundantemente tiene mucha recompensa. Es verdaderamente más bienaventurado dar que recibir. Pero si dar no le trae alegría, es necesario examinar la ley de la motivación.

La ley de la motivación dice:

Primero, libertad; segundo, servicio.

Si usted sirve para librarse de su temor, está condenado al fracaso.

Sexta ley: La evaluación

Es necesario evaluar el dolor que nuestro enfrentamiento pueda causar en los demás. Debemos considerar cómo ese dolor puede resultar útil y cómo, a la larga, puede ser lo mejor para ellos y para la relación. En otras palabras, necesitamos aprender a valorar el dolor de manera positiva.

Séptima ley: La proactividad

Las personas proactivas manifiestan lo que aman, lo que desean, lo que pretenden, y las opiniones que sustentan. Son muy distintas de las personas que se conocen por lo que odian, lo que no les agrada, por lo que se oponen, y por lo que nunca harán. Mientras que las víctimas reactivas son conocidas principalmente por sus actitudes «en contra de», las personas proactivas no reclaman sus derechos, los viven. El poder no se exige o se merece, se expresa. La máxima expresión del poder es el amor: la facultad de reprimirlo, no de ejercerlo.

Las personas proactivas son capaces de «amar al otro como a uno mismo». Se respetan mutuamente. No intente alcanzar la libertad sin vivir el período y los sentimientos reactivos. No es necesario poner esto en práctica, pero sí es necesario poder expresar los sentimientos. Es necesario practicar y ganar agresividad. Es necesario alejarse lo suficiente de las personas abusivas para cercar nuestra propiedad contra futuras invasiones. Luego, es necesario reconocer los tesoros que encontrará en su alma. Pero no se quede ahí. Ser adultos espirituales es más que «encontrarse a uno mismo». La etapa reactiva es solo una etapa, no una identidad. Es una condición necesaria, pero no suficiente.

Octava ley: La envidia

Todos tenemos un componente de envidia en nuestra personalidad. Pero este pecado tiene un carácter muy destructivo porque garantiza que nunca obtendremos lo que deseamos y perpetúa la insaciabilidad y la insatisfacción. No quiere decir que esté mal desear cosas que no tenemos. Dios ha dicho que cumplirá los deseos de nuestro corazón. El problema de la envidia es que dirige nuestra mirada a los demás, fuera de nuestros límites. Si nos concentramos en lo que otros tienen o han logrado, estamos descuidando nuestras responsabilidades y acabaremos con un corazón vacío.

La envidia es un ciclo que se perpetúa automáticamente. Las personas sin límites se siente vacías e insatisfechas. Observan el sentido de satisfacción en otros y sienten envidia. Deberían usar ese tiempo y esa energía en asumir la responsabilidad de sus limitaciones y hacer algo al respecto.

La envidia debería ser siempre una señal para usted de que le falta algo.

Novena ley: La actividad

Los seres humanos responden y son iniciadores. Muchas veces tenemos problemas de límites por falta de iniciativa. Los mejores límites se forman cuando el niño ejerce presión naturalmente en el mundo y el mundo exterior le fija los límites. De esa manera, el niño agresivo aprende límites sin perder su espíritu. Nuestro bienestar espiritual y emocional dependen de tener este espíritu. Considere el contraste de la parábola de los talentos. Tuvieron éxito los activos y emprendedores. Tomaron la iniciativa y se esforzaron. Perdió el pasivo e inactivo. Es triste constatar que muchas personas pasivas no son inherentemente maliciosas o malas. Pero el mal es una fuerza activa, y la pasividad puede convertirse en aliada del mal si no ejercemos presión en su contra. La pasividad nunca da resultados positivos. Dios podrá igualar nuestro esfuerzo, pero nunca trabajará por nosotros. Eso sería invadir nuestros límites.

Para aprender hay que intentar, fracasar e intentar de nuevo. No da buen resultado quedarse sin intentar. Cuando el pichón está por salir de su cascarón, si alguien rompe el huevo para el pájaro, el pichón se muere. El pichón debe picotear el cascarón para salir al mundo. Este «ejercicio» emprendedor lo fortalece, permitiéndole sobrevivir en el mundo exterior. Si se le quita esa responsabilidad, se muere. Dios nos ha hecho de la misma manera. Si él nos «rompe el cascarón» (hace nuestro trabajo e invade nuestros límites), moriremos. No debemos volvernos atrás pasivamente. Nuestros límites se crean siendo activos y enérgicos.

Décima ley: La exposición

Un límite es un lindero. Define dónde comenzamos y dónde acabamos. Los límites nos definen en relación con los demás. Todo el concepto de límites se basa en el hecho de que existimos en relaciones. Por lo tanto, los límites se refieren a las relaciones y, en última instancia, al amor. De ahí la importancia de la ley de la exposición.

La ley de la exposición dice que en una relación nuestros límites deben ser visibles y deben comunicarse a los demás en la relación. Podemos tener problemas de límites debido a temores relacionales. Estamos acosados por temores: de culpa, de no ser queridos, de perder el amor, de perder los vínculos afectivos, de no ser apreciados, de que se enojen con nosotros, de ser conocidos, y otros más.

Por causa de estos temores intentamos tener límites secretos:

Es importante recordar que los límites existen y que nos afectarán, los expresemos o no. Si no verbalizamos nuestros límites y los exponemos directamente, los expresaremos indirectamente o a través de la manipulación. El camino del amor verdadero: comunicar los límites explícitamente.

 

← Volver

Gracias por tu respuesta. ✨

Psicóloga online y presencial en Vecindario infantil, adolescentes, adultos y mayores

Soy María Jesús, psicóloga online y presencial en Vecindario. Acompaño a personas de todas las edades a comprender lo que sienten, recuperar su equilibrio emocional y construir una vida más plena, con herramientas psicológicas eficaces y un trato humano y cercano.

Consulta mis especialidades como psicóloga online y en Vecindario:

Psicóloga infantil
Psicóloga para adolescentes
Psicóloga para adultos
Psicóloga para mayores
Terapia de pareja
Terapia de familia
Elaboración de informes psicológicos

Conoce más sobre mí y accede a todas los contenidos como psicóloga online y presencial en Vecindario:

VISITA MI SITIO WEB 1
VISITA MI SITIO WEB 2
VISITA MI BLOG


Comentarios

4 responses to “Cómo establecer límites sanos – Psicóloga online”

  1. […] embargo, proteger al hijo a costa de la propia vida y bienestar no ayuda a nadie. Establecer límites claros y fomentar la responsabilidad personal es clave para romper el ciclo de dependencia y abrir la posibilidad de […]

  2. […] clave está en establecer límites, comunicar la situación con asertividad y cuidar la salud emocional. Recordar que no es justo ni […]

Deja un comentario

Descubre más desde Psicóloga online y presencial en Vecindario María Jesús Suárez Duque

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo