Terapia online para dependencia emocional – Aprende a construir vínculos más saludables

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Terapia online para dependencia emocional
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María Jesús Suárez Duque – Doctoralia.es

Psicóloga online y presencial especializada en Dependencia emocional

Terapia para dependencia emocional

Aprende a construir vínculos más saludables


El dependiente emocional suele Insistir con personas narcisistas, desinteresadas, hostiles o problemáticas. Por ello es necesario que se haga el esfuerzo individual por evitar que se repita la historia. Una de las grandes metas en lo que respecta al ámbito de las relaciones de pareja es la de escapar de los objetos (parejas típicas de los dependientes emocionales), para lo que será imprescindible afinar el punto de mira. No tiene sentido embarcarse en historias amorosas cuyas trayectoria y desenlace son tan fácilmente predecibles como nefastas. 

No obstante, a pesar de esto, es de prever que los perfiles que siempre han despertado el interés continúen siendo atractivos: digamos que gustarán personas similares, pero a la mínima que se observen determinados comportamientos que vayan en la línea de la falta de valoración, interés o respeto, se producirá una reacción aversiva en el dependiente emocional. Para ello, es fundamental estar muy vigilantes por si la persona que despierta interés se ajusta a alguno de los perfiles de objeto expuestos: narcisistas, posesivos y problemáticos.

 

¿Cómo distinguir a los narcisistas?

 

Los narcisistas se distinguirán por su soberbia y su carácter engreído, por considerarse superiores al resto de los mortales o, como mínimo, al dependiente emocional, como sucede con los evitadores del compromiso. 

No tendrán en cuenta los intereses del otro y estarán más bien pendientes de superarles: en lugar de alegrarse de los puntos fuertes ajenos, desarrollarán sentimientos de rabia y envidia. 

No se encontrarán cómodos en situaciones donde haya que expresar sentimientos hacia el dependiente porque los considerarán rebajamientos o signos de debilidad. Por otro lado, tenderán siempre a imponer su criterio porque es el único que considerarán válido y, además, el único que les interesa. Cualquier persona que observe a un narcisista con un dependiente emocional, aunque sea en una de las primeras citas y aunque intente mostrar una cara amable, percibirá que intenta imponerse sobre el otro y que pretende asumir en la incipiente relación una posición de privilegio.

 

¿Cómo distinguir a las parejas posesivas?

 

En cuanto a los objetos posesivos, se distinguirán porque, al igual que los dependientes emocionales (recordemos que presentan una forma atípica de este problema, la dependencia emocional dominante), <strong>ir

án a toda velocidad al comienzo de la relación. Por lo tanto, una vez se fijen en el otro, le pedirán citas una tras otra, se mostrarán excesivamente cercanos, le colmarán de atenciones, regalos y declaraciones de amor, etc. Digamos que mostrarán una cara muy positiva, pero que si la observamos con detenimiento, más bien será una cara voraz afectivamente y que denotará dicha posesividad. En este sentido, siempre es interesante sondear el historial amoroso de estas personas porque, aunque no le desvelen sus intimidades al dependiente emocional -y mucho menos si es en las primeras citas y hay aspectos para esconder-, sí podrá extraer información que le resulte de utilidad. Este tipo de objetos es francamente peligroso y la verdad es que no es demasiado difícil de detectar si uno mira más allá de los regalos y las llamadas frecuentes. Algún comportamiento celoso o controlador de las llamadas que se reciben o de la ropa que se usa también es indicativo de este tipo de personalidades. Ya sabemos que, si la relación se consolida, estos pequeños avisos se convertirán en una constante, pero que tiene sus precursores en las primeras citas.

 

¿Cómo detectar a los problemáticos?

 

El objeto problemático, es muy sencillo de detectar, tanto que prácticamente no hacen falta citas de ningún tipo. Son personas que están inmersas en conflictos continuos, que pueden tener adicciones a sustancias y que despiertan la faceta salvadora del dependiente emocional, que se identifica en ocasiones con el lado vulnerable y carente de cariño de estos individuos. Las relaciones deben ser para amar y recibir amor, no para salvar a nadie, conseguir que cambie o reeducarlo, y mucho menos para que personas con sensación de desarraigo emocional hagan causa común unas con otras, porque esto es enfermizo y termina en desequilibrio, en que el objeto problemático campa a sus anchas y se afianza en una relación cómoda. Al final, el que tiene el problema pasa a ser el dependiente emocional estándar.

 

Dificultad para mantener relaciones sanas


Para los dependientes con un historial amoroso significativo, no es nada complicado darse cuenta de cuándo se están relacionando con la persona adecuada y cuándo no. Si no lo hacen, es porque se engañan a sí mismos. Existe un «sexto sentido» que trasciende los argumentos racionales. A esta intuición hay que escucharla porque la autoestima del dependiente está en riesgo si se junta con personas inadecuadas.

Dentro de la relación de pareja, aunque esta relación sea con una persona normal y transcurra por unos derroteros sanos, ha y que cuidarse mucho de que, sin que el dependiente emocional se dé cuenta, aparezcan manifestaciones de la necesidad afectiva.

Existen individuos con mucha seguridad en sí mismos, con una adecuada autoestima, y que no persiguen relaciones desequilibradas, sino vivir el amor de una manera sana. Sean muchas o pocas, merece la pena buscar este tipo de personas porque el dependiente puede encontrarlas atractivas sin que sean desaconsejables; eso sí, una vez se encuentren, el trabajo no habrá finalizado, sino que sólo habrá comenzado, porque será el momento de considerar las pautas de equilibrio y de cuidado de las primeras etapas de la relación.

A pesar de que todo esto significa que el dependiente sea muy selectivo, no hay más remedio que actuar así si uno no quiere volver a invertir meses o incluso años en otra relación que sólo a portará más sufrimiento. A veces, las prisas hacen que se pierda más tiempo. Lo que es un error también, es buscar sólo personas que uno sabe a la perfección que convienen, pero por las que no se siente absolutamente nada: ni es sano para el dependiente emocional porque, en definitiva, está igualmente obedeciendo a su necesidad afectiva estando con alguien sólo por estar acompañado, ni es justo para la otra persona.



Las aceleraciones, las comprobaciones de cariño y la voracidad amorosa: tres formas de obedecer a la necesidad afectiva

 

     Dentro de la relación de pareja, aunque esta relación sea con una persona normal y transcurra por unos derroteros sanos, ha y que cuidarse mucho de que, sin que el dependiente emocional se dé cuenta, aparezcan manifestaciones de la necesidad afectiva. Está claro que dichas manifestaciones tenderán a aparecer en un principio, pero hay que estar alerta por si  

     Aparte del desequilibrio y la idealización, y que muchas veces se deben a inicia relaciones con personas que se ajustan a algún perfil de objeto, destacan tres manifestaciones de la necesidad afectiva que es preciso considerar:

a) Las aceleraciones

Las aceleraciones son todos los comportamientos que efectúa el dependiente emocional en las primeras fases de la relación por los que se salta los procesos típicos de tanteo, de conocimiento de la otra persona, y se lanza con gran ilusión y fantasía a vivir su a ventura amorosa. La principal forma de evitarlo es la predisposición, la mentalización que debe tener el dependiente para dosificarse en la relación con progresividad.

b)   Las comprobaciones de cariño

Comparten con las aceleraciones la obsesividad que manifiesta el dependiente cuando las realiza, pero las comprobaciones pueden acontecer en cualquier momento de la relación. 

Consisten en actos que tienen la finalidad de que la pareja reaccione de una manera que satisfaga y tranquilice al dependiente. En concreto, los comportamientos de la pareja deben ser de ratificación de los sentimientos o del mantenimiento de la relación.

Por ejemplo, el dependiente emocional puede pedir gestos de cariño como abrazos o besos si detecta una actitud ligeramente distante en su pareja, preguntar directamente sobre los sentimientos del otro o hacer indirectas sobre si va a pedir un traslado de localidad por si tiene la duda, fundada o infundada, de que se va a marchar a vivir a otro lugar.

 

Cosecuencias de las comprobaciones

El problema es que estas comprobaciones, estén o no justificadas, son muy pesadas para las parejas. Si están justificadas, porque no hay un interés afectivo real hacia el dependiente; si no están justificadas, porque la pareja se encuentra incomprendida y, haga lo que haga, nunca va a ser suficiente, con lo que se producirá una dinámica de reacciones de hostilidad que supongan, al final, una profecía que se cumple a base de formularla insistentemente.

 

¿Hay motivo para las dudas?

Es necesario determinar si verdaderamente hay motivos para las dudas con respecto a la pareja: 

·         Incrementan enormemente la ansiedad y la fragilidad. Cada vez que se efectúa una comprobación de este tipo, el dependiente gana en nerviosismo y pierde en autoconfianza. Está claro que este nerviosismo puede disminuirse a corto plazo si dicha comprobación arroja un resultado satisfactorio para el dependiente, pero a medio y largo plazo, como se ha actuado dando por cierto algo que sólo está en la imaginación, se le otorga realidad a esos temores infundados, lo cual incrementa la inquietud y la vivencia continua de peligro.

·         Obedece a la necesidad afectiva, que se dedica a empequeñecer al individuo y a convertirlo en un ser enormemente vulnerable que sólo adquiere su sentido si su pareja le garantiza su afecto y su presencia. Tener tan desarrollado un planteamiento así convierte al dependiente en un auténtico «yonqui» amoroso que está continuamente chequeando que va a recibir su suministro, y esto deja al dependiente, en términos psicológicos, a la altura del betún. El mensaje básico de la necesidad afectiva hay que erradicarlo de una manera contundente, con hechos, y obrar en base a lo que ella pregona es continuar actuando desde la debilidad.

c)    La voracidad amorosa

De igual manera que las comprobaciones de cariño acontecen en cualquier momento de la relación, aunque son también muy habituales en los periodos de flirteo.

Consiste en el deseo continuo de fusionarse con el otro y de percibir su presencia, bien con el contacto constante (estando juntos el mayor tiempo posible) o bien con la ayuda de medios como los mensajes de texto de teléfono móvil, el correo electrónico o los programas de contacto online por internet.

Compartir mucho tiempo con la pareja, si es algo deseado por los dos, no tiene problema alguno. Un inconveniente aparece si el otro encuentra un poco excesivo ese contacto: esto sucede o bien porque no tiene demasiado interés en la relación, o bien porque desea mantener algunas facetas de su vida propia como, por ejemplo, ir al gimnasio o acudir a unas reuniones semanales de una asociación. Está claro que el primer motivo es inadmisible, pero el segundo es completamente legítimo y no solo eso, sino que el propio dependiente emocional debería reducir este contacto continuo porque se estará transformando ya en voracidad amorosa.

¿Cuándo es problemático compartir?

No hay problema en compartir tiempo, proyectos y actividades con la pareja, siempre y cuando el individuo mantenga determinadas parcelas propias, aunque algunas se recorten o incluso se realicen con el otro. Por ejemplo, si antes de conocer a la pareja el individuo acudía al gimnasio, quizá se comparta esta actividad: la cuestión es que a la persona no le quede la idea de que cuando aparece una relación lo único que importa es fusionarse con el otro, quedando la vida propia totalmente al margen. Si algo así ocurre, hay que retomar las actividades que se han abandonado y ubicar a la relación en su justo lugar, por muy importante que este sea.

 

El problema de la exclusividad

Otro inconveniente aparece cuando se quiere compartir tiempo con el otro, pero en <strong>exclusividad, es decir, deseando activamente que nadie más esté presente. Esto es fácil de detectar cuando el dependiente intenta evitar quedar con otros amigos o con familiares: si sucede, estamos también en presencia de voracidad amorosa, lo cual queda de manifiesto porque se desea una fusión con el otro en la que no hay autosuficiencia emocional. Conociendo este inconveniente sabemos también su solución: hay que disfrutar de la intimidad con la pareja, pero también hay que saber estar en grupo, con más gente, sin evitar este tipo de planes, e intentar realizarlo con la mejor disposición.

 

Ansiedad, inquietud y desesperación

El tercer inconveniente posible en este tipo de comportamientos de proximidad, y que igualmente nos indicaría la presencia de la voracidad amorosa, es la aparición de ansiedad, inquietud o desesperación si no hay una «dosis» suficiente de contactos, que claramente resulte excesiva. Si el dependiente emocional lleva tres o cuatro días sin saber nada de su pareja es normal que esté molesto, triste o preocupado (aunque nunca inquieto o desesperado, porque esto sí es indicativo de la presencia de la necesidad afectiva); ahora bien, si en lugar de tres o cuatro días son tres o cuatro horas, está claro que la demanda es muy superior a la normal. Por ejemplo, si envía un WhasApp y no recibe respuesta pasado un tiempo.

 

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Psicóloga online y presencial en Vecindario infantil, adolescentes, adultos y mayores

Soy María Jesús, psicóloga online y presencial en Vecindario. Acompaño a personas de todas las edades a comprender lo que sienten, recuperar su equilibrio emocional y construir una vida más plena, con herramientas psicológicas eficaces y un trato humano y cercano.

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