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María Jesús Suárez Duque – Doctoralia.es
La terapia con menores: cuando los padres también necesitan entender su rol
Cada vez son más los niños y adolescentes que acuden a consulta psicológica por motivos diversos: dificultades de conducta, conflictos escolares, bajo rendimiento académico, o incluso signos de trastornos del neurodesarrollo. En muchas ocasiones, son los propios padres quienes detectan la necesidad de ayuda profesional y acuden con sus hijos a la primera sesión.
Sin embargo, con frecuencia, los adultos tienden a enfocar el problema únicamente en el menor. Se preguntan: ¿Qué le pasa a mi hijo? ¿Qué podemos hacer para que se porte bien? ¿Por qué rinde tan poco en el colegio? Y olvidan un aspecto esencial: la familia es un sistema, y como tal, la conducta de cada uno de sus integrantes afecta directamente al resto.
Esto no solo implica que los problemas del niño están influenciados por el entorno familiar y escolar, sino que también cualquier cambio positivo o negativo en su entorno puede reforzar o entorpecer su evolución.
El papel de los padres en la consulta
Cuando se inicia una terapia con un menor, especialmente si no es adolescente o si el adolescente está de acuerdo, es habitual que los padres estén presentes durante la primera sesión. Según cómo se desarrolle, el terapeuta decidirá si es más conveniente que el menor continúe solo o con los padres presentes.
Esta decisión nunca es arbitraria. Se basa en la necesidad de garantizar un espacio de seguridad, confianza y confidencialidad que permita al niño expresarse con libertad.
Y aquí comienza uno de los principales retos en algunos procesos terapéuticos.
La confidencialidad no es exclusión, es protección
En ciertos casos, como cuando se sospecha la presencia de un trastorno de estrés postraumático complejo (TEPT-C), se hace necesario dejar claro desde el inicio que la terapia con el menor será confidencial.
Los padres deben comprender que esta confidencialidad no significa que se les excluye, ni que no serán informados. Al contrario: el objetivo es ayudar al menor a poder hablar con ellos cuando esté preparado, acompañado por el terapeuta, en un entorno seguro y con apoyo emocional.
Lo que no se puede permitir es que los adultos interfieran en ese espacio terapéutico, ni con preguntas constantes, ni con conversaciones privadas con el terapeuta delante o a espaldas del menor. Porque si el niño percibe que todo lo que dice puede ser transmitido a sus padres sin su consentimiento, la terapia deja de ser un lugar seguro.
Cuando los padres sabotean – consciente o inconscientemente – el proceso
Lamentablemente, hay ocasiones en las que los padres no siguen las indicaciones profesionales. A pesar de insistir en la importancia de mantener límites claros, insisten en comunicarse por WhatsApp, llamar para preguntar sobre el proceso o, en el peor de los casos, entran solos a la consulta para hablar “solo un momento” antes de que entre el niño.
Esto tiene consecuencias graves: el menor, al entrar, percibe que algo se ha dicho a sus espaldas, que el entorno ya no es seguro, que su terapeuta ya no es alguien en quien puede confiar. El resultado suele ser un cierre total por parte del niño. La alianza terapéutica, tan difícil de construir, se rompe. Y muchas veces, ya no hay forma de reconstruirla.
No es una cuestión de control, sino de respeto al proceso terapéutico
Cuando esto ocurre, y se comprueba que no es posible continuar avanzando con el menor debido a la interferencia de su entorno, el profesional tiene la obligación ética de derivar el caso. Se informa a la familia de la situación, se explica que la relación terapéutica se ha roto, y se recomienda buscar otro profesional.
A pesar de las explicaciones, algunos padres se sienten molestos, decepcionados o incluso “engañados”. Alegan que se les ha “abandonado” o que no se les ha informado, cuando en realidad el motivo del fracaso terapéutico es precisamente no haber respetado las normas básicas del proceso.
Lo que los padres deben saber
Este artículo no pretende señalar ni juzgar, sino invitar a la reflexión. Cuando se inicia un proceso terapéutico con un menor, los padres son parte fundamental del éxito, pero no como controladores del proceso, sino como acompañantes respetuosos.
Confiar en el terapeuta, seguir las indicaciones, no intervenir indebidamente, y sobre todo, respetar el espacio del menor, no es una opción, es una necesidad.
Porque la terapia no es mágica. Es un proceso complejo, delicado y profundamente humano. Y para que funcione, necesita de todos los miembros del sistema familiar. Especialmente, de aquellos que dicen querer lo mejor para sus hijos.
Psicóloga infantil online y presencial en Vecindario
Soy María Jesús, psicóloga online y presencial en Vecindario. Acompaño a personas de todas las edades a comprender lo que sienten, recuperar su equilibrio emocional y construir una vida más plena, con herramientas psicológicas eficaces y un trato humano y cercano.
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