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María Jesús Suárez Duque – Doctoralia.es
Asco, anorexia, autolesiones y trastorno límite de la personalidad: una relación emocional profunda
Descubre la conexión entre la emoción del asco, la anorexia, las autolesiones y el trastorno límite de la personalidad. Comprende su origen psicológico, su función protectora y cómo abordarlo desde la autocompasión y la terapia.
¿Qué es la emoción del asco y por qué es tan importante en psicología?
El asco es una emoción básica universal, presente en todos los seres humanos, cuyo origen es biológico y evolutivo. Su función original es protegernos de lo que podría contaminarnos o ponernos en peligro, como alimentos en mal estado, olores o sustancias desagradables.
Sin embargo, con el desarrollo del pensamiento simbólico, esta emoción trascendió lo físico y comenzó a aplicarse también a experiencias emocionales, morales y personales. Así, las personas pueden sentir asco no solo hacia estímulos externos, sino también hacia su propio cuerpo, pensamientos o emociones.
En psicología clínica, esta emoción se estudia como un marcador de rechazo y autoprotección, pero también como una posible señal de heridas emocionales profundas no resueltas.
Asco y anorexia nerviosa: el rechazo hacia el cuerpo y la necesidad
En los trastornos alimentarios, especialmente en la anorexia nerviosa, el asco aparece de forma muy característica.
No se trata únicamente de una preocupación estética, sino de una emoción compleja que expresa rechazo, control y miedo a la vulnerabilidad.
Manifestaciones comunes:
- Asco hacia el propio cuerpo o hacia la comida (“mi cuerpo me da repulsión”, “me siento sucia si como”).
- Asco hacia la sensación de necesidad o placer (“comer me hace sentir débil”).
- Necesidad de purificación o limpieza emocional (“me siento mejor cuando no como”).
El asco, en este contexto, actúa como una defensa frente a la vergüenza o el miedo a perder el control.
Al rechazar el cuerpo, la persona intenta inconscientemente rechazar su sufrimiento o su historia emocional.
Asco y autolesiones: rechazo, purificación y alivio
En las autolesiones no suicidas, el asco también tiene un papel crucial. Muchas personas describen sentirse “repugnantes” o “culpables” antes de hacerse daño.
La conducta autolesiva puede entonces cumplir dos funciones:
- Expulsar o “limpiar” el malestar: el dolor físico sustituye al dolor emocional.
- Recuperar el control: la herida se convierte en un modo tangible de canalizar la culpa o el desprecio hacia uno mismo.
Desde el punto de vista clínico, el asco en las autolesiones refleja una lucha interna entre el deseo de aliviar el sufrimiento y la necesidad de castigarse.
El cuerpo se convierte en el campo donde se proyectan las emociones no expresadas ni comprendidas.
Asco y trastorno de personalidad límite : rechazo del yo y del otro
En el trastorno de personalidad límite (TPL) , la emoción del asco suele aparecer vinculada a experiencias tempranas de rechazo, humillación o trauma relacional.
La persona con TPL puede sentir asco hacia sí misma o hacia los demás en momentos de intenso conflicto emocional.
Ejemplos frecuentes:
- “Siento asco de mí cuando me equivoco o cuando alguien me rechaza.”
- “Me da asco la gente cuando me hace daño, no puedo ni verla.”
En estos casos, el asco protege del dolor, creando una barrera ante el miedo al abandono o la vulnerabilidad.
Sin embargo, esta defensa, aunque adaptativa en su origen, puede dificultar las relaciones afectivas y la construcción de una autoimagen estable.
Un hilo común: trauma, vergüenza y desregulación emocional
Aunque la anorexia, las autolesiones y el TLP son trastornos distintos, comparten un mismo eje emocional:
la vergüenza, el auto-rechazo y la dificultad para regular emociones intensas.
El asco, en estos casos, no surge por casualidad. Es la emoción secundaria que protege al individuo de sentir algo aún más doloroso: la sensación de ser “indigno”, “defectuoso” o “no merecedor de amor”.
Desde la psicología del trauma, se entiende que el asco aparece cuando la persona internaliza el maltrato o la invalidación temprana, convirtiendo el dolor recibido en autodesprecio.
Cómo abordar el asco desde la terapia y la autocompasión
Superar o transformar la emoción del asco no consiste en eliminarla, sino en reconocer su función protectora y devolverle un sentido saludable.
Enfoques terapéuticos basados en evidencia:
- Terapia Dialéctico-Conductual (DBT): ayuda a identificar y regular emociones intensas como el asco y la vergüenza.
- Terapia centrada en la compasión (CFT): enseña a responder con amabilidad ante la autocrítica y el rechazo interno.
- Mindfulness y terapia de aceptación: facilitan observar la emoción sin juicio ni evitación.
- Terapia EMDR y de trauma complejo: trabajan la raíz del asco en experiencias tempranas de abuso, negligencia o invalidación.
Estrategias personales:
- Practicar el autodiálogo compasivo (“No soy asqueroso, estoy sufriendo”).
- Aprender a reconocer el asco sin actuar desde él.
- Cuidar el cuerpo desde la amabilidad, no desde el castigo.
- Buscar acompañamiento psicológico especializado cuando el asco genera conductas dañinas o autodestructivas.
Conclusión
El asco es una emoción humana profundamente ligada al instinto de supervivencia.
Cuando se dirige hacia el propio cuerpo o hacia uno mismo, se convierte en una señal de heridas emocionales no resueltas.
Comprenderlo no es justificarlo, sino abrir el camino hacia una reparación más profunda basada en la aceptación, la compasión y la integración emocional.
Reconocer el asco como un mensaje del cuerpo y no como un enemigo es el primer paso para sanar.
Bibliografía recomendada
- Linehan, M. M. (2015). DBT Skills Training Manual. Guilford Press.
- Gilbert, P. (2010). Compassion Focused Therapy. Routledge.
- Schienle, A., Stark, R., Walter, B., & Vaitl, D. (2003). The insula is not specifically involved in disgust processing: An fMRI study. Neuroreport, 14(16), 2027–2031.
- Phillips, M. L., et al. (1998). The neuroanatomy of disgust: A functional MRI study. Brain, 121(11), 2027–2038.
- Neziroglu, F., et al. (2008). Disgust and its relationship to obsessive-compulsive disorder, body dysmorphic disorder, and eating disorders. Journal of Anxiety Disorders, 22(8), 1316–1323.

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