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María Jesús Suárez Duque – Doctoralia.es
Reaprender a sentir: por qué no todo malestar necesita una pastilla
En una sociedad que busca calmarlo todo con rapidez, hemos olvidado que el malestar es parte natural de la vida. Este artículo explora cómo funciona la autorregulación emocional, por qué abusamos de la medicación y cómo recuperar nuestra capacidad de sentir y equilibrarnos sin anestesiar las emociones.
Una sociedad que quiere eliminar el malestar
Vivimos en una época en la que sentirse mal parece un error.
Ante la mínima señal de tristeza, ansiedad o desmotivación, muchos buscan una solución inmediata: una pastilla para dormir, para concentrarse, para calmarse, para animarse.
Pero, ¿qué sucede cuando convertimos el malestar en algo que debe ser eliminado a toda costa?
El problema es que el malestar emocional forma parte de la vida humana.
Es una señal, un mensaje del cuerpo y de la mente que nos invita a ajustar, comprender o aceptar algo.
Cuando tratamos de silenciarlo constantemente, perdemos la oportunidad de desarrollar autorregulación emocional, es decir, la capacidad de manejarnos internamente sin depender de estímulos externos.
Qué es la autorregulación emocional (y por qué es tan importante)
La autorregulación emocional es la habilidad de identificar, entender y modular las emociones propias, sin negarlas ni dejar que nos dominen.
Implica un equilibrio entre sentir y responder, entre aceptar y actuar.
Una persona con buena autorregulación emocional:
- Reconoce sus emociones sin miedo.
- Comprende de dónde vienen.
- Elige qué hacer con ellas.
- Puede sentirse mal sin destruirse ni buscar alivio inmediato en conductas dañinas (comer en exceso, beber, medicarse, aislarse, etc.).
En cambio, cuando la autorregulación falla, la emoción se vive como una amenaza que hay que eliminar, distraer o anestesiar.
Y aquí es donde aparecen los mecanismos de evasión: consumo, exceso de medicación, hiperaprendizaje, trabajo compulsivo o dependencia afectiva.
El mito del equilibrio químico: medicar no siempre es regular
La medicación tiene un papel fundamental en la salud mental, y hay casos en los que es absolutamente necesaria y salvadora.
Sin embargo, el abuso o la prescripción rápida sin acompañamiento psicoterapéutico puede obstaculizar el proceso natural de regulación.
Tomar un fármaco para calmar la ansiedad o dormir puede ser útil en momentos puntuales, pero si se convierte en la única herramienta, el cerebro deja de aprender cómo hacerlo por sí mismo.
Desde la neuropsicología sabemos que:
- El cerebro es plástico: puede reaprender a generar calma, placer o motivación sin sustancias.
- Cada vez que gestionamos una emoción de manera saludable (sin evitarla), reforzamos conexiones neuronales que fortalecen nuestra estabilidad futura.
- Si recurrimos siempre a la medicación o a conductas de alivio inmediato, esas redes no se consolidan.
En otras palabras:
Si siempre apagamos el fuego con un extintor, nunca aprendemos a controlar el fuego.
La autorregulación fallida: cuando buscamos alivio a toda costa
Las personas que viven altibajos emocionales intensos —por estrés, duelo, ruptura, ansiedad o simplemente por el ritmo actual de vida— pueden sentirse fuera de control.
Cuando aparece la angustia, el cansancio o la desesperanza, el impulso natural es querer dejar de sentir eso.
Es humano, pero no siempre saludable.
A esto lo llamamos autorregulación fallida:
el intento de calmar el malestar a través de medios que lo agravan a largo plazo.
Ejemplos frecuentes:
- Tomar ansiolíticos sin control médico.
- Beber alcohol para “relajarse”.
- Comer en exceso por ansiedad.
- Pasar horas con el móvil o viendo series para no pensar.
- Buscar aprobación constante o relaciones de dependencia emocional.
En todos los casos, el mensaje interno es el mismo:
“No puedo soportar lo que siento. Necesito algo que me lo quite.”
Y cada vez que el cerebro obtiene ese alivio rápido, aprende a depender de él, debilitando su capacidad natural de recuperación.
Aprender a convivir con los altibajos: lo que la vida realmente es
Una parte esencial del bienestar psicológico es aceptar que la vida no es lineal.
Habrá días con energía y motivación, y otros con apatía o cansancio emocional.
Esa oscilación no es una enfermedad; es la expresión de la naturaleza humana.
La persona emocionalmente madura no busca sentirse bien todo el tiempo, sino estar en paz incluso cuando no se siente bien.
Esto se entrena con:
- Mindfulness o atención plena, para observar el pensamiento sin reaccionar.
- Ejercicio físico regular, que regula los niveles de dopamina y serotonina de forma natural.
- Sueño, alimentación y descanso, que sostienen la base biológica de la estabilidad emocional.
- Conexión social auténtica, que amortigua la carga emocional del estrés.
- Terapia psicológica, que ayuda a comprender los patrones inconscientes que perpetúan el sufrimiento.
El riesgo de anestesiar lo que necesitamos sentir
El sufrimiento tiene una función.
Nos muestra que algo en nosotros necesita atención, cambio o descanso.
Cuando lo medicamos sin comprenderlo, callamos la señal sin resolver la causa.
Ejemplo:
Una persona que sufre ansiedad laboral puede calmarse con medicación, pero si no revisa sus límites, valores y entorno, seguirá viviendo en un contexto que genera ansiedad.
De modo que la meta terapéutica no debe ser solo “sentirse bien”, sino entender qué nos quiere decir el malestar.
El malestar no es el enemigo: es el mensajero.
Reaprender la autorregulación: el camino de la fortaleza interior
Reaprender a sentir sin huir requiere paciencia, autocompasión y acompañamiento.
Implica aceptar que el equilibrio no llega por eliminar el dolor, sino por fortalecer la capacidad de sostenerlo.
Pasos clave para reconstruir la autorregulación emocional:
-
Validar lo que se siente
No minimizar ni juzgar las emociones (“no debería estar así”, “esto es una tontería”).
Lo que se siente es real y tiene un propósito adaptativo.
-
Observar sin reaccionar
Antes de buscar alivio inmediato, detenerse unos segundos y respirar.
Nombrar la emoción ya cambia su intensidad (“esto es tristeza”, “esto es miedo”, “esto es cansancio”).
-
Elegir una acción consciente
Buscar conductas que acompañen sin dañar: caminar, escribir, hablar con alguien, descansar, no hacer nada.
-
Construir una vida reguladora
Estructura, rutinas, propósito y hábitos saludables sostienen el equilibrio emocional mucho más que cualquier pastilla.
-
Aceptar los días malos
Son parte del proceso. La resiliencia no se entrena en la calma, sino en la tormenta.
La ilusión del control químico y la libertad de la conciencia
No hay nada más humano que querer escapar del dolor.
Pero cada vez que elegimos afrontarlo, crecemos en libertad psicológica.
Y esa libertad no puede comprarse ni recetarse: se construye.
La medicación, cuando es necesaria, puede ser una herramienta valiosa, pero nunca el sustituto del aprendizaje emocional.
El equilibrio químico no sustituye al equilibrio interior.
Conclusión: sentir también es sanar
La salud mental no consiste en no sufrir, sino en aprender a transitar la vida con presencia y autocompasión.
La autorregulación emocional no elimina el dolor, pero lo transforma: lo convierte en una oportunidad de autoconocimiento, fortaleza y madurez.
Así, cuando volvamos a sentir ansiedad, tristeza o frustración, podemos recordar que no son señales de fracaso, sino parte del camino humano hacia la autenticidad y la resiliencia.
Sentir no es el problema.
El problema es creer que sentir está mal.
Psicóloga online y presencial en Vecindario infantil, adolescentes, adultos y mayores
Soy María Jesús, psicóloga online y presencial en Vecindario. Acompaño a personas de todas las edades a comprender lo que sienten, recuperar su equilibrio emocional y construir una vida más plena, con herramientas psicológicas eficaces y un trato humano y cercano.
Consulta mis especialidades como psicóloga online y en Vecindario:
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