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María Jesús Suárez Duque – Doctoralia.es
Psicóloga online y en Vecindario especializada en Estrés
El desgaste físico y emocional después de una situación estresante: por qué ocurre y cómo ayudar a tu cuerpo a recuperarse
Cuando el problema ha terminado, pero el cuerpo sigue en alerta
Muchas personas creen que el sufrimiento termina cuando finaliza una situación difícil. Sin embargo, es frecuente que, después de semanas o incluso meses de incertidumbre, preocupaciones, cambios inesperados o situaciones que generan una gran carga emocional, aparezca una sensación de agotamiento físico y mental que resulta difícil de comprender.
“Ya ha pasado todo y debería estar bien, pero me siento cansado, sin energía, irritable o con dificultades para descansar”.
Esta es una situación mucho más habitual de lo que parece. Y tiene una explicación fisiológica.
¿Por qué el cuerpo se desgasta después de una etapa de estrés?
Cuando vivimos una situación que percibimos como amenazante o muy exigente, nuestro organismo activa automáticamente los mecanismos de supervivencia.
El cerebro envía señales para liberar hormonas como el cortisol y la adrenalina, sustancias que preparan al cuerpo para reaccionar rápidamente ante cualquier desafío.
Durante ese periodo, el organismo permanece en un estado de alerta constante:
- Aumenta la tensión muscular.
- Se acelera la frecuencia cardíaca.
- La respiración se vuelve más superficial.
- El sueño puede alterarse.
- Se consumen más recursos energéticos.
- La capacidad de relajación disminuye.
Este sistema es muy útil a corto plazo. El problema aparece cuando esa activación se mantiene durante semanas o meses.
Aunque la situación finalmente se resuelva, el cuerpo no siempre recibe el mensaje de que el peligro ha terminado. Es entonces cuando aparecen síntomas como:
- Fatiga persistente.
- Sensación de agotamiento.
- Dolores musculares o cervicales.
- Problemas para conciliar el sueño.
- Nerviosismo o irritabilidad.
- Dificultad para concentrarse.
- Sensación de estar “desconectado” o sin energía.
El estrés no desaparece de un día para otro
Muchas personas se exigen volver inmediatamente a la normalidad una vez que ha pasado el momento complicado.
Sin embargo, igual que un deportista necesita recuperarse después de una competición intensa, el organismo también necesita tiempo para recuperarse tras un periodo prolongado de estrés.
El sistema nervioso debe volver poco a poco a un estado de equilibrio.
Por este motivo, la recuperación no consiste únicamente en descansar. También es importante ayudar activamente al cuerpo a salir de ese estado de alerta.
La importancia de tensar y soltar los músculos
Después de una etapa de tensión emocional, muchas personas mantienen una contracción muscular inconsciente.
Los hombros elevados, la mandíbula apretada, el cuello rígido o la tensión lumbar son manifestaciones muy frecuentes.
Los ejercicios de tensión y relajación muscular ayudan al cerebro a recibir una señal clara de seguridad.
Al tensar un grupo muscular durante unos segundos y después relajarlo conscientemente, se favorece la disminución de la activación del sistema nervioso y se genera una sensación progresiva de bienestar.
Realizar este ejercicio diariamente puede ayudar a reducir la tensión acumulada y mejorar la sensación de descanso.
Respirar bien para recuperar el equilibrio
La respiración es una de las herramientas más eficaces para regular el sistema nervioso.
Cuando estamos preocupados o estresados solemos respirar de forma rápida y superficial, utilizando principalmente la parte superior del pecho.
La respiración diafragmática permite hacer justamente lo contrario.
Consiste en respirar llevando el aire hacia la zona abdominal, permitiendo que el diafragma trabaje correctamente.
Esta forma de respirar:
- Reduce la activación fisiológica.
- Disminuye la sensación de ansiedad.
- Favorece la relajación muscular.
- Mejora la oxigenación.
- Ayuda a conciliar el sueño.
- Facilita la recuperación física y emocional.
Dedicar entre 5 y 10 minutos al día a practicar respiración diafragmática puede generar cambios muy significativos en el bienestar general.
Recuperarse también es parte del proceso
A menudo prestamos toda nuestra atención a superar una situación difícil y olvidamos que la recuperación forma parte del mismo proceso.
Cuando una etapa especialmente exigente termina, el organismo necesita tiempo para reorganizarse, reparar el desgaste acumulado y recuperar sus niveles habituales de energía.
Escuchar las señales del cuerpo, respetar los tiempos de recuperación y realizar ejercicios sencillos de relajación muscular y respiración consciente puede marcar una gran diferencia.
No se trata únicamente de dejar atrás una situación complicada, sino de ayudar al cuerpo y a la mente a recuperar el equilibrio que les permita seguir adelante con salud y bienestar.
Conclusión
Después de vivir una situación de gran estrés, preocupación o incertidumbre, es normal experimentar cansancio físico y emocional incluso cuando todo parece haber vuelto a la normalidad.
El cuerpo necesita tiempo para recuperarse del esfuerzo realizado. Incorporar diariamente ejercicios de tensión y relajación muscular, junto con la práctica de la respiración diafragmática, ayuda a reducir el desgaste acumulado y favorece una recuperación más completa.
Cuidar la recuperación no es un lujo. Es una parte esencial del proceso de volver a sentirse bien.
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