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María Jesús Suárez Duque – Doctoralia.es
Psicóloga infantil, adolescentes, adultos y personas mayores. Terapia de pareja. Terapia de familia. Orientación familiar. Informes psicológicos
Psicóloga online y en Vecindario especializada en Trastorno obsesivo compulsivo – TOC
Cómo una pérdida importante en la infancia puede derivar en ansiedad, culpa y TOC en la vida adulta
Muchas personas adultas que hoy sufren ansiedad, pensamientos obsesivos o Trastorno Obsesivo-Compulsivo no relacionan sus síntomas actuales con experiencias emocionales vividas durante la infancia. Sin embargo, desde la psicología clínica sabemos que ciertas pérdidas importantes no elaboradas adecuadamente pueden dejar una huella profunda en el desarrollo emocional infantil.
Como psicóloga online, observo con frecuencia casos en los que el inicio de problemas psicológicos está relacionado con duelos infantiles mal acompañados, especialmente cuando el niño vivió la enfermedad o muerte de una figura afectiva importante sin comprender realmente lo que estaba ocurriendo.
El duelo silencioso en la infancia
Cuando un abuelo, una abuela u otra figura de apego comienza a enfermar gravemente, los adultos suelen intentar “proteger” al niño ocultándole información o evitando hablar claramente de la situación.
Sin embargo, el niño percibe:
- cambios emocionales,
- conversaciones,
- silencios,
- tristeza en casa,
- preocupación familiar,
- tensión emocional.
Aunque no entienda completamente la situación, el niño siente que algo malo está ocurriendo.
El problema aparece cuando:
- percibe el miedo,
- pero no recibe explicaciones claras,
- ni acompañamiento emocional adaptado a su edad.
En ese vacío emocional, el niño intenta comprender y controlar lo que está pasando utilizando los recursos mentales que tiene disponibles en ese momento.
El pensamiento mágico en los niños
En edades tempranas, especialmente entre los 5 y 9 años, es frecuente el llamado “pensamiento mágico”.
Desde la Psicología del Desarrollo sabemos que muchos niños creen que:
- sus pensamientos pueden provocar cosas,
- sus deseos influyen en la realidad,
- o ciertas conductas pueden evitar una tragedia.
Por ejemplo:
- “Si rezo mucho, mi abuelo no morirá”.
- “Si hago esto correctamente, no pasará nada”.
- “Si me porto bien, se curará”.
El niño intenta reducir la ansiedad creando rituales que le hacen sentir una falsa sensación de control frente al miedo y la incertidumbre.
Cuando la pérdida ocurre: aparece la culpa infantil
El gran impacto emocional aparece cuando finalmente el familiar fallece.
El niño puede interpretar:
- que no rezó suficiente,
- que no hizo bien el ritual,
- que pensó algo malo,
- o que falló en “proteger” a su ser querido.
Aquí nace muchas veces una culpa silenciosa profundamente traumática.
Y aunque los adultos crean que el niño “lo ha superado”, internamente puede haber quedado asociada una idea muy peligrosa:
“Si no hago ciertas cosas, algo malo ocurrirá”.
Cómo puede comenzar un TOC infantil tras una pérdida
En muchos casos, este tipo de experiencias pueden convertirse en el origen de síntomas obsesivos tempranos.
El niño aprende inconscientemente que:
- la ansiedad disminuye cuando realiza rituales,
- repetir conductas le calma,
- y sentir control reduce el miedo.
Así empiezan:
- rezos compulsivos,
- comprobaciones,
- necesidad de repetir,
- rituales mentales,
- conductas supersticiosas,
- miedo intenso a provocar desgracias.
Este patrón puede evolucionar hacia un Trastorno Obsesivo-Compulsivo si no se detecta y trabaja emocionalmente a tiempo.
Pérdidas infantiles no atendidas y trastornos psicológicos en la adultez
Muchas personas adultas llegan a terapia sin relacionar sus síntomas actuales con experiencias de duelo infantil.
Sin embargo, detrás de algunos problemas psicológicos encontramos:
- pérdidas afectivas no elaboradas,
- miedo al abandono,
- culpa infantil,
- ansiedad de separación,
- trauma emocional silencioso,
- hipervigilancia emocional.
Entre los trastornos más frecuentes asociados a duelos infantiles mal acompañados aparecen:
- ansiedad generalizada,
- ataques de pánico,
- TOC,
- ansiedad por separación,
- fobias,
- depresión,
- dependencia emocional,
- miedo intenso a perder seres queridos.
También es frecuente que estas personas desarrollen una necesidad extrema de control para evitar volver a sentir la impotencia que experimentaron durante la infancia.
La importancia de hablar claramente con los niños sobre la enfermedad y la muerte
Uno de los mayores errores, aunque suele hacerse con buena intención, es excluir emocionalmente al niño del proceso de enfermedad o duelo.
Los niños necesitan:
- explicaciones adaptadas a su edad,
- seguridad emocional,
- espacio para preguntar,
- validación emocional,
- sentirse acompañados.
Ocultar la realidad no elimina el miedo. Muchas veces lo aumenta.
Cuando el niño no entiende lo que ocurre, su imaginación suele llenar los vacíos con fantasías, culpa o pensamientos irracionales.
Señales de alerta en niños tras una pérdida importante
Es importante prestar atención cuando después de una pérdida aparecen:
- rituales repetitivos,
- miedo excesivo a que otros mueran,
- necesidad constante de comprobar,
- pensamientos catastróficos,
- ansiedad intensa,
- insomnio,
- culpa desproporcionada,
- evitación,
- hipervigilancia,
- conductas compulsivas.
Detectar estas señales de forma temprana puede prevenir la cronificación del sufrimiento psicológico.
Cómo ayuda la terapia psicológica
La terapia psicológica ayuda al niño —o al adulto que arrastra estas heridas infantiles— a:
- comprender lo ocurrido,
- desmontar la culpa irracional,
- trabajar el miedo,
- regular la ansiedad,
- resignificar la pérdida,
- desarrollar seguridad emocional.
En muchos casos, trabajar el duelo infantil pendiente permite comprender el origen profundo de síntomas obsesivos o ansiosos que llevan años presentes.
Conclusión
Las pérdidas importantes en la infancia no siempre generan únicamente tristeza. Cuando el niño vive la enfermedad o muerte de un ser querido sin comprensión ni acompañamiento emocional adecuado, puede desarrollar mecanismos psicológicos basados en el miedo, la culpa y la necesidad de control.
Muchas veces, detrás de un TOC, una ansiedad intensa o un miedo constante a que ocurra algo malo, existe un niño que intentó proteger emocionalmente a su familia sin tener herramientas para comprender la muerte y la pérdida.
Hablar con honestidad, acompañar emocionalmente y validar lo que sienten los niños no evita el dolor del duelo, pero sí puede prevenir heridas psicológicas que permanezcan durante años.
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