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María Jesús Suárez Duque – Doctoralia.es
Psicóloga infantil, adolescentes, adultos y personas mayores. Terapia de pareja. Terapia de familia. Orientación familiar. Informes psicológicos
Psicóloga online y en Vecindario especializada en Trastorno de Insomnio
Insomnio: Motivos principales que lo causan
El trastorno de insomnio no tiene una sola causa. En la mayoría de las personas aparece por una combinación de factores biológicos, psicológicos, conductuales y ambientales que terminan alterando el sistema sueño-vigilia.
Desde la investigación actual, el modelo más aceptado es el de la “hiperactivación”: el cerebro y el cuerpo permanecen en un estado de alerta excesiva cuando deberían entrar en reposo. Ese estado puede mantenerse incluso cuando la causa inicial ya desapareció.
Principales motivos que pueden llevar al trastorno de insomnio
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Estrés y activación emocional persistente
Es una de las causas más frecuentes.
Situaciones como:
- problemas laborales,
- presión económica,
- conflictos personales,
- duelo,
- incertidumbre,
- ansiedad anticipatoria,
pueden hacer que el cerebro permanezca “vigilante”.
En muchas personas el problema empieza así:
- aparece una etapa de estrés,
- se duerme peor unas noches,
- la persona empieza a preocuparse por dormir,
- esa preocupación aumenta la activación,
- el insomnio se cronifica.
Es muy común el pensamiento:
“Tengo que dormir o mañana no funcionaré”.
Ese miedo al no dormir acaba convirtiendo la cama en un lugar asociado a tensión.
-
Ansiedad y depresión
Los trastornos psicológicos tienen una relación muy estrecha con el insomnio.
Especialmente:
La ansiedad suele dificultar:
- conciliar el sueño,
- “apagar” pensamientos,
- relajarse físicamente.
La depresión puede producir:
- despertar precoz,
- sueño fragmentado,
- sueño poco reparador.
Importante: el insomnio no es solo un síntoma de estos trastornos; también puede aumentar el riesgo de desarrollarlos.
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Predisposición biológica y genética
Hay personas con un sistema nervioso más reactivo.
Características frecuentes:
- mayor sensibilidad al estrés,
- tendencia a la rumiación mental,
- sueño naturalmente ligero,
- hiperalerta fisiológica.
También existe cierta heredabilidad:
si en la familia hay antecedentes de insomnio, ansiedad o trastornos del estado de ánimo, el riesgo aumenta.
A nivel neurobiológico se observan alteraciones en:
- sistemas de alerta cerebral,
- cortisol,
- regulación circadiana,
- neurotransmisores como GABA, serotonina y orexina.
-
Malos hábitos de sueño (factores conductuales)
A veces el insomnio empieza por una causa puntual, pero se mantiene por hábitos que el cerebro aprende.
Ejemplos:
- horarios irregulares,
- pasar demasiado tiempo en la cama,
- usar móvil o portátil por la noche,
- siestas largas,
- cafeína tarde,
- alcohol como “ayuda” para dormir,
- dormir algunos días muy tarde y otros muy temprano.
También ocurre algo importante:
muchas personas intentan “forzar” el sueño:
- acostarse antes,
- quedarse más horas en cama,
- intentar dormir activamente.
Eso suele empeorar el problema.
-
Alteraciones del ritmo circadiano
El cerebro tiene un reloj biológico interno.
Cuando ese reloj se desajusta aparecen problemas de sueño.
Causas típicas:
- trabajo nocturno,
- jet lag,
- horarios caóticos,
- exposición insuficiente a luz solar,
- mucha luz artificial nocturna,
- acostarse muy tarde durante largos periodos.
Algunas personas tienen cronotipos más nocturnos y sufren mucho cuando deben adaptarse a horarios sociales tempranos.
-
Condicionamiento cerebral: “aprender el insomnio”
Este punto es muy importante y poco conocido.
Con el tiempo, el cerebro puede asociar:
- cama = frustración,
- noche = alerta,
- acostarse = miedo a no dormir.
Entonces el cuerpo se activa automáticamente al entrar en el dormitorio.
Esto explica por qué algunas personas:
- tienen sueño viendo televisión,
- pero al acostarse se “despiertan”.
El cerebro ha aprendido a mantenerse alerta en ese contexto.
-
Enfermedades médicas
Muchas enfermedades favorecen el insomnio:
Dolor o molestias físicas
- fibromialgia,
- artritis,
- migraña,
- dolor lumbar.
Alteraciones hormonales
- menopausia,
- hipertiroidismo.
Problemas respiratorios
- apnea del sueño,
- asma.
Enfermedades neurológicas
- Parkinson,
- demencias,
- síndrome de piernas inquietas.
-
Sustancias y medicamentos
El sueño es muy sensible a sustancias estimulantes o desreguladoras.
Sustancias frecuentes
- cafeína,
- nicotina,
- cannabis en algunas personas,
- alcohol,
- cocaína y otros estimulantes.
Medicamentos
- corticoides,
- algunos antidepresivos,
- estimulantes para TDAH,
- descongestionantes,
- algunos broncodilatadores.
El alcohol merece una mención especial:
puede facilitar quedarse dormido, pero fragmenta el sueño y empeora la calidad.
-
Envejecimiento
Con la edad:
- el sueño se vuelve más ligero,
- disminuye el sueño profundo,
- aumentan despertares,
- cambia el ritmo circadiano.
Eso no significa que el insomnio sea “normal”, pero sí que el sistema de sueño se vuelve más vulnerable.
Cómo se cronifica el insomnio
Muchos investigadores describen tres fases:
Fase 1: desencadenante
Ejemplo:
Fase 2: preocupación por dormir
La persona empieza a vigilar:
- horas de sueño,
- cansancio,
- despertares.
Fase 3: mantenimiento
El problema continúa aunque el desencadenante desaparezca, debido a:
- hiperalerta,
- hábitos compensatorios,
- miedo al insomnio,
- condicionamiento cerebral.
Qué tratamientos tienen más evidencia científica
La terapia con más evidencia es:
Terapia Cognitivo-Conductual para el Insomnio (CBT-I)
Trabaja:
- hábitos,
- ansiedad asociada al sueño,
- horarios,
- condicionamiento,
- pensamientos catastróficos sobre dormir.
En estudios, suele funcionar mejor a largo plazo que los hipnóticos.
Los fármacos pueden ayudar en ciertos casos, pero normalmente no resuelven el mecanismo que mantiene el trastorno.
Algo importante que suele sorprender
Dormir mal unas noches no significa tener trastorno de insomnio.
Se considera trastorno cuando:
- ocurre varias veces por semana,
- dura al menos meses,
- produce deterioro diurno,
- y existe dificultad persistente pese a tener oportunidad de dormir.
Además, muchas personas con insomnio duermen más de lo que creen; la percepción subjetiva del sueño puede alterarse.
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