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María Jesús Suárez Duque – Doctoralia.es
Terapia de pareja online y presencial
¿Se puede amar a la familia y sentir algo por otra persona?
¿Contradicción humana o dinámica destructiva?
Una de las preguntas más difíciles tras una infidelidad prolongada es esta:
¿Cómo es posible amar a la familia y, al mismo tiempo, haber desarrollado sentimientos hacia otra persona?
Para quien ha sido traicionado, esta idea suele vivirse como una contradicción intolerable, incluso como una negación del amor recibido. Sin embargo, desde una perspectiva psicológica y relacional, la respuesta es más compleja.
Amar no es una emoción única ni estable
El amor hacia la familia —la pareja, los hijos, el proyecto compartido— no es solo emoción.
Es también:
- Historia
- Compromiso
- Responsabilidad
- Identidad
- Apego profundo
Ese amor suele construirse a lo largo de años y no desaparece automáticamente porque aparezca otra vinculación. Por eso, muchas personas que han sido infieles afirman con sinceridad que aman a su familia.
Ahora bien, amar no equivale a estar satisfecho emocionalmente, ni a sentirse visto, deseado o validado en todas las dimensiones personales.
Cuando aparece otra persona: ¿qué es lo que realmente se busca?
En las infidelidades que se prolongan en el tiempo (meses o años), rara vez se trata solo de sexo.
Con frecuencia, la relación paralela cumple funciones psicológicas específicas:
- Refuerza la autoestima
- Devuelve la sensación de ser deseado
- Ofrece una identidad alternativa (menos exigente, menos cargada de responsabilidades)
- Permite escapar temporalmente de roles rígidos (padre, madre, proveedor, cuidador)
La otra persona no compite con la familia en el mismo plano. Representa algo distinto: una experiencia emocional que la persona no ha sabido pedir, construir o sostener dentro de la relación principal.
Entonces, ¿es una contradicción?
Desde un punto de vista humano, no necesariamente.
Las personas pueden experimentar emociones ambivalentes, incluso opuestas, al mismo tiempo.
Pero —y este “pero” es fundamental—
aunque no sea una contradicción emocional, sí se convierte en algo destructivo cuando se actúa desde el engaño.
El problema no es sentir.
El problema es:
- Ocultar
- Mentir
- Sostener una doble vida emocional
- Privar a la pareja de la posibilidad de decidir con información real
Ahí es donde el daño aparece.
¿Destructivo para quién?
- Para la persona traicionada, porque rompe la confianza y la seguridad básica.
- Para la relación, porque introduce una asimetría de poder y de información.
- Para quien fue infiel, porque evita afrontar sus propios vacíos emocionales y posterga un crecimiento necesario.
La infidelidad no suele ser la causa última del problema, sino el síntoma de algo que no se supo —o no se pudo— elaborar de otra manera.
Amar no basta: hace falta responsabilidad emocional
Decir “amo a mi familia” no es suficiente para reparar el daño.
La reparación exige:
- Asumir responsabilidad sin excusas
- Comprender qué necesidad interna se estaba cubriendo fuera
- Estar dispuesto a revisar el propio modelo de apego y validación
- Sostener el dolor causado sin defenderse ni minimizarlo
Sin este trabajo, el amor queda reducido a una declaración, no a un acto reparador.
¿Y la pareja? ¿Qué lugar ocupa?
La persona traicionada no tiene que aceptar esta complejidad de inmediato, ni entenderla para perdonar.
Tiene derecho a:
- Sentir rabia
- Sentirse insuficiente
- Dudar del relato
- Marcar límites
La comprensión, si llega, no es una obligación, sino una posibilidad que solo puede aparecer cuando el daño ha sido reconocido y sostenido.
Conclusión
Amar a la familia y sentir algo por otra persona no es necesariamente una contradicción humana,
pero sí es una dinámica profundamente destructiva cuando se gestiona desde el engaño y la huida emocional.
La pregunta verdaderamente transformadora no es:
“¿Cómo pudo amar a dos personas?”
Sino:
“¿Qué le faltaba internamente para no poder sostener lo que sentía sin traicionar?”
Ahí empieza el verdadero trabajo terapéutico.
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Soy María Jesús, psicóloga online y presencial en Vecindario. Acompaño a personas de todas las edades a comprender lo que sienten, recuperar su equilibrio emocional y construir una vida más plena, con herramientas psicológicas eficaces y un trato humano y cercano.
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