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María Jesús Suárez Duque – Doctoralia.es
Psicóloga online y en Vecindario especializada en Habilidades sociales y miedo al rechazo
Psicóloga online – Viviendo con el conflicto: aprender a gestionarlo sin que controle tu vida
Cuando escuchamos la palabra conflicto, muchas personas piensan inmediatamente en discusiones, tensión o distanciamiento. Sin embargo, el conflicto no es el problema. El verdadero desafío está en cómo lo afrontamos.
Es imposible mantener relaciones en las que nunca existan desacuerdos. Cada persona tiene necesidades, valores, expectativas y formas de ver el mundo diferentes. Por eso, el conflicto forma parte de cualquier relación sana, ya sea de pareja, familia, amistad o trabajo.
Lo que marca la diferencia no es evitarlo a toda costa, sino aprender a convivir con él de una manera respetuosa y constructiva.
¿Por qué nos cuesta tanto gestionar los conflictos?
Nuestra forma de afrontar los conflictos suele estar influida por lo que aprendimos durante la infancia y la adolescencia.
Si creciste en un entorno donde los desacuerdos terminaban en gritos, críticas o silencios prolongados, es posible que hoy asocies el conflicto con una amenaza.
Por el contrario, si aprendiste que expresar una opinión diferente era seguro y que los problemas podían resolverse hablando, probablemente te resulte más fácil afrontar las diferencias.
Ninguna de estas formas de reaccionar define quién eres. Son patrones aprendidos que pueden modificarse con práctica y acompañamiento.
Cuando el miedo al conflicto condiciona tu vida
Muchas personas con miedo al rechazo hacen todo lo posible por evitar cualquier desacuerdo.
Aceptan situaciones que les incomodan.
Piden perdón incluso cuando no han hecho nada malo.
Guardan lo que sienten para evitar molestar.
Aunque estas estrategias pueden reducir la tensión de forma momentánea, suelen generar malestar a largo plazo.
Cuando priorizamos constantemente la tranquilidad de los demás por encima de nuestras propias necesidades, la autoestima se resiente y las relaciones pueden volverse desequilibradas.
El otro extremo: reaccionar desde la impulsividad
No todas las personas evitan el conflicto. Algunas responden de forma impulsiva.
Cuando nos sentimos atacados, es fácil reaccionar con críticas, reproches o intentando demostrar que tenemos razón.
El problema es que, en esos momentos, dejamos de escuchar y empezamos a defendernos.
El objetivo deja de ser resolver el problema y pasa a ser ganar la discusión.
Y pocas relaciones salen fortalecidas de una conversación en la que alguien tiene que perder.
El conflicto como una oportunidad
Aunque pueda resultar difícil de creer, un conflicto bien gestionado puede fortalecer una relación.
Cuando dos personas son capaces de expresar lo que sienten, escuchar al otro y buscar soluciones, aumenta la confianza mutua.
Resolver un desacuerdo no significa que ambas personas piensen igual.
Significa que ambas sienten que han sido escuchadas y tratadas con respeto.
Claves para convivir con el conflicto de forma saludable
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Acepta que el conflicto es inevitable
Esperar una relación sin desacuerdos solo genera frustración.
Las diferencias forman parte de cualquier vínculo sano.
No indican falta de amor, amistad o respeto.
Indican que sois personas diferentes.
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Habla del problema, no de la persona
Existe una gran diferencia entre decir:
“Siempre eres un egoísta.”
Y decir:
“Me sentí decepcionado cuando cancelaste nuestros planes sin avisar.”
Cuando criticamos la identidad de la otra persona, aumentan las posibilidades de que se ponga a la defensiva.
Cuando describimos una conducta concreta y cómo nos ha afectado, facilitamos el diálogo.
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Escucha antes de responder
En muchas discusiones dedicamos más energía a preparar nuestra respuesta que a comprender al otro.
Escuchar no implica dar la razón.
Implica intentar entender qué está viviendo la otra persona y por qué interpreta la situación de esa manera.
La empatía no elimina el conflicto, pero sí reduce la distancia entre las personas.
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Aprende a regular tus emociones
Si notas que estás muy enfadado, ansioso o desbordado, probablemente no sea el mejor momento para resolver el problema.
Tomarte un tiempo para calmarte no significa evitar el conflicto.
Significa prepararte para afrontarlo de una forma más útil.
Respirar profundamente, dar un paseo o posponer la conversación hasta que ambas personas estén más tranquilas puede marcar una gran diferencia.
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Busca soluciones, no culpables
En ocasiones nos centramos tanto en averiguar quién tiene la culpa que olvidamos la pregunta más importante:
¿Qué podemos hacer para que esto funcione mejor la próxima vez?
Cambiar el foco del reproche a la colaboración favorece acuerdos más duraderos.
El papel de la autoestima en los conflictos
La forma en que afrontamos los desacuerdos también está relacionada con la autoestima.
Cuando confiamos en nuestro propio valor, resulta más fácil expresar necesidades, poner límites y aceptar que alguien no siempre estará de acuerdo con nosotros.
En cambio, si nuestra autoestima depende de la aprobación de los demás, cualquier conflicto puede sentirse como una amenaza al vínculo o incluso a nuestra identidad.
Por eso, trabajar la autoestima también implica aprender a tolerar el desacuerdo sin interpretarlo como un rechazo personal.
No todas las discusiones tienen que resolverse de inmediato
Existe la creencia de que todos los conflictos deben solucionarse cuanto antes.
Sin embargo, algunas conversaciones necesitan tiempo.
A veces es mejor detenerse, reflexionar y retomar el diálogo cuando ambas personas puedan hablar desde la calma y no desde la impulsividad.
Resolver un conflicto no consiste en terminar la conversación lo antes posible, sino en hacerlo de una manera que cuide la relación y el bienestar de quienes participan.
Aprender a convivir con el conflicto
Evitar los conflictos no garantiza relaciones sanas. Del mismo modo, discutir con frecuencia no significa que una relación esté condenada.
Lo importante es cómo nos comunicamos cuando aparecen las diferencias.
Cada conflicto puede convertirse en una oportunidad para conocernos mejor, expresar nuestras necesidades y fortalecer los vínculos desde el respeto.
Aprender a convivir con el conflicto no significa disfrutar de las discusiones. Significa dejar de verlas como una amenaza y empezar a entenderlas como una parte natural de cualquier relación humana.
Porque las relaciones más sólidas no son aquellas en las que nunca hay conflictos, sino aquellas en las que las personas saben afrontarlos sin dejar de cuidarse mutuamente.
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