Psicóloga online – Cuando la terapia genera rechazo: entender lo que ocurre para no abandonar el proceso

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María Jesús Suárez Duque – Doctoralia.es

Psicóloga online y presencial

Cuando la terapia genera rechazo: entender lo que ocurre para no abandonar el proceso

 

Hay momentos en terapia en los que algo cambia.

De repente, ir a sesión cuesta más. Aparecen el enfado, la irritación o el rechazo. A veces incluso pensamientos duros hacia la terapeuta: “no me entiende”, “me juzga”, “me quiere controlar”, “esto no me está ayudando”.

 

En esos momentos, muchas personas empiezan a dudar de si seguir en terapia.

Este texto es para ti, si alguna vez te has sentido así.

 

Cuando una parte de ti quiere cambiar… y otra no

 

En los procesos terapéuticos —especialmente cuando hay una adicción— casi nunca hay una sola voz interna.

 

Suele haber:

  • una parte de ti que quiere estar mejor, sentirse libre, recuperar control
  • y otra parte que quiere seguir consumiendo o manteniendo ciertas conductas porque han sido una forma de regular emociones, aliviar ansiedad o evitar el dolor

 

Cuando la terapia empieza a tocar ese conflicto, la tensión aumenta.

No porque la terapia esté fallando, sino porque está llegando a un lugar importante.

 

Por qué el rechazo puede dirigirse a la terapeuta

 

A veces el enfado no va realmente hacia la persona que tienes delante, sino hacia lo que representa en ese momento:

  • un límite
  • una renuncia
  • una frustración
  • una realidad que duele mirar

 

La terapeuta puede convertirse, sin buscarlo, en el lugar donde se proyecta todo ese malestar. Esto puede expresarse como distancia, desafío, irritación o incluso desprecio.

 

No es falta de interés por la terapia.

Es conflicto interno.

 

Cuando la adicción protege del mundo

 

En adicciones como la pornografía o los videojuegos, el aislamiento no suele ser casual.

A menudo cumplen funciones como:

  • calmar ansiedad
  • evitar el contacto emocional
  • reducir la sensación de insuficiencia o vergüenza
  • no exponerse a la frustración o al rechazo

 

La terapia, en cambio, invita poco a poco a:

  • sentir
  • vincularse
  • mirar lo que duele
  • salir del refugio que, aunque protege, también limita

 

Por eso, en algunos momentos, la terapia puede sentirse más como una amenaza que como una ayuda.

 

Cuando hay relaciones, infidelidad y ambivalencia emocional

 

En otras adicciones, como la búsqueda constante de relaciones esporádicas o la infidelidad repetida, suele haber un conflicto profundo:

  • deseo de libertad, novedad y conquista
  • y al mismo tiempo, miedo intenso a la soledad
  • necesidad de tener a alguien cerca que sostenga emocionalmente

 

No es incoherencia ni hipocresía.

Es ambivalencia emocional.

 

Cuando la terapia pone palabras a esta contradicción, pueden aparecer vergüenza, enfado o rechazo. Y esas emociones, a veces, se dirigen hacia la terapeuta.

 

Sentirse mal en una sesión no significa que la terapia no funcione

 

Esto es importante:

 

Tener una sesión incómoda, salir enfadado o sentir rechazo hacia la terapeuta no significa que la terapia no sea para ti.

 

A veces una sesión se siente mal porque ha tocado algo sensible.

Porque ha aparecido una emoción que normalmente se evita.

Porque una parte de ti no estaba preparada para mirar eso todavía.

 

En terapia, sentirse mal no siempre es una señal de error.

Muchas veces es una señal de profundidad.

 

El vínculo terapéutico no se rompe por el enfado

 

El enfado, la distancia o incluso las ganas de no volver no rompen la relación terapéutica.

Lo que realmente la debilita es no poder hablar de ello.

 

Decir en sesión cosas como:

  • “no me sentí comprendido”
  • “salí con mucha rabia”
  • “me molestó lo que dijiste”
  • “sentí rechazo y no sé por qué”

 

no estropea la terapia.

La hace más honesta.

 

A veces, lo más terapéutico es volver

 

Cuando una parte de ti quiere irse, suele haber otra que necesita quedarse.

Volver a una sesión después de una experiencia difícil puede dar miedo, pero también puede ser una oportunidad importante:

  • para reparar el vínculo
  • para sentirte escuchado de otra manera
  • para no quedarte solo con lo que ocurrió

 

La terapia no se basa en que todo sea cómodo.

Se basa en poder atravesar juntos los momentos en los que no lo es.

 

Un mensaje final

 

Si alguna vez has sentido rechazo hacia la terapia o hacia tu terapeuta, no lo tomes como una señal definitiva.

 

Quizá no sea el momento de abandonar,

sino el momento de decir lo que no se dijo.

 

Y a veces, justo ahí, puede empezar algo diferente.

 

Preguntas frecuentes

 

¿Es normal sentir enfado o rechazo hacia mi terapeuta?

 

Sí. Es más común de lo que suele decirse, especialmente cuando se está trabajando una adicción o un conflicto profundo. No significa que estés fallando ni que la terapia no funcione.

 

Si una sesión me hizo sentir peor, ¿significa que fue una mala sesión?

 

No necesariamente. Algunas sesiones remueven emociones difíciles porque han tocado algo importante. Sentirse mal no siempre es una señal de retroceso.

 

¿Debería dejar la terapia si me siento incómodo o enfadado?

 

Antes de tomar una decisión, suele ser muy valioso hablar de lo ocurrido en la siguiente sesión. Muchas veces, lo que genera ganas de irse es precisamente lo que necesita ser trabajado.

 

¿Puedo decirle a mi terapeuta que me sentí molesto o incomprendido?

 

Sí. Y hacerlo no rompe la terapia. Al contrario, puede fortalecerla y abrir un espacio de mayor comprensión.

 

¿Y si siento que la terapeuta me juzga?

 

Esa sensación es importante y merece ser escuchada. A veces tiene que ver con experiencias pasadas o con emociones difíciles que se activan en el proceso. Hablarlo permite aclararlo y trabajarlo.

 

¿Qué pasa si una parte de mí no quiere dejar la adicción?

 

Es muy habitual. El trabajo terapéutico no parte de obligarte, sino de entender qué función cumple la adicción y qué miedos aparecen cuando se plantea el cambio.

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