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María Jesús Suárez Duque – Doctoralia.es
Psicóloga online y en Vecindario (Gran Canaria) especializada en Ataques de pánico
Ataque de pánico y baja laboral: ¿es mejor evitar o afrontar el miedo?
Has sufrido un ataque de pánico mientras conducías hacia el trabajo.
De repente, el corazón se acelera. Aparecen temblores, opresión en el pecho, sensación de falta de aire, mareo o una intensa sensación de pérdida de control.
Y empiezas a pensar:
“Me va a pasar algo.”
“Voy a perder el conocimiento.”
“Me puede dar un infarto.”
“Voy a perder el control.”
“Tengo que salir de aquí.”
El ataque finalmente pasa, pero aparece un problema nuevo: el miedo a que vuelva a ocurrir.
Al día siguiente tienes que volver a conducir. Tienes que ir a trabajar. Y quizá alguien te recomienda que no vayas, que descanses o que solicites una baja laboral.
Entonces surge una pregunta muy importante:
¿Es mejor evitar aquello que me produce miedo hasta encontrarme bien o necesito empezar a afrontarlo?
Soy María Jesús Suárez Duque, Psicóloga General Sanitaria, y trabajo mediante terapia online con personas que presentan ataques de pánico, miedo anticipatorio y conductas de evitación.
Una baja laboral puede estar indicada en determinadas circunstancias y corresponde al profesional médico valorar cada caso.
Pero desde el tratamiento psicológico necesitamos plantearnos también otra cuestión:
¿La retirada responde a una necesidad concreta o estamos empezando a organizar nuestra vida alrededor del miedo a experimentar otro ataque?
Porque evitar produce alivio. Y precisamente ese alivio puede contribuir a mantener el miedo.
¿Qué ocurre en nuestro organismo durante un ataque de pánico?
Una de las primeras cosas que podemos trabajar es comprender qué está ocurriendo.
Durante un ataque de pánico se produce una intensa activación del sistema de alarma del organismo.
Nuestro cuerpo se prepara para responder ante aquello que está interpretando como una amenaza.
Pueden aparecer:
- palpitaciones;
- aumento del ritmo cardíaco;
- cambios en la respiración;
- tensión muscular;
- sudoración;
- temblores;
- mareo;
- hormigueos;
- presión en el pecho;
- sensación de irrealidad;
- miedo a desmayarse;
- miedo a perder el control;
- miedo a sufrir un infarto;
- sensación de muerte inminente.
Las sensaciones son reales.
Lo que debemos aprender a diferenciar es la sensación de peligro de la existencia de un peligro real.
“Siento que voy a morir”: cuando las sensaciones se interpretan como una amenaza
En el ataque de pánico no solamente experimentamos determinadas sensaciones.
También las interpretamos.
El corazón se acelera:
“Me está dando un infarto.”
Aparece mareo:
“Voy a perder el conocimiento.”
Sentimos una intensa activación:
“Voy a perder el control.”
Estas interpretaciones aumentan todavía más el miedo.
Y cuanto mayor es el miedo, mayor puede ser la activación.
Podemos entrar así en un círculo:
Sensación corporal → interpretación de peligro → miedo → mayor activación → nuevas sensaciones → mayor miedo.
Por eso comprender lo que está ocurriendo fisiológicamente puede ser una parte muy importante del tratamiento.
La activación no puede aumentar indefinidamente
Durante una crisis podemos sentir que la intensidad continuará aumentando hasta que ocurra algo terrible.
Sin embargo, nuestro organismo no puede mantener indefinidamente una escalada ilimitada de activación.
La respuesta de alarma alcanza determinados niveles y posteriormente va modificándose mediante los propios mecanismos reguladores del organismo.
Comprenderlo nos permite introducir un mensaje diferente:
“Sé lo que está ocurriendo.”
“Mi sistema de alarma está intensamente activado.”
“Lo que siento es terrible, pero intensidad no significa necesariamente peligro.”
“No necesito escapar inmediatamente para conseguir que esto termine.”
“Puedo permitir que mi organismo vaya regulándose.”
¿Qué hacer cuando aparece un ataque de pánico?
Nuestro primer impulso suele ser conseguir que desaparezca.
Salir del lugar.
Volver a casa.
Sentarnos inmediatamente.
Llamar a alguien.
Comprobar nuestras pulsaciones.
Buscar una medicación.
Abandonar aquello que estábamos haciendo.
Pero si cada vez que aparece el miedo respondemos escapando, podemos reforzar sin darnos cuenta la idea de que hemos estado a salvo precisamente porque escapamos.
Por eso, cuando las circunstancias lo permiten, podemos aprender progresivamente a permanecer ante las sensaciones.
Podemos transmitirnos mensajes de calma:
“Reconozco estas sensaciones.”
“Mi organismo está muy activado.”
“Sentirme en peligro no significa necesariamente estar en peligro.”
“No necesito luchar desesperadamente contra lo que estoy sintiendo.”
“Puedo permanecer aquí mientras la activación sigue su curso.”
No buscamos obligarnos a sentir tranquilidad.
Buscamos introducir una respuesta diferente frente al miedo.
No necesitas eliminar la ansiedad para poder afrontarla
Existe una diferencia importante entre acompañarnos con pensamientos de calma y pensar:
“Tengo que conseguir tranquilizarme porque, si no lo consigo, me pasará algo.”
En este último caso seguimos tratando la ansiedad como una amenaza.
El objetivo puede ser diferente:
“Preferiría no sentir esto, pero puedo experimentarlo.”
“No necesito conseguir que desaparezca inmediatamente.”
“Puedo continuar aunque ahora mismo esté sintiendo ansiedad.”
La calma puede aparecer después.
Pero no necesitamos esperar a estar completamente tranquilos para recuperar nuestra vida.
¿Por qué evitar puede mantener el miedo?
Imagina que sufres un ataque mientras conduces.
Aparcas inmediatamente.
Poco después empiezas a sentir alivio.
Tu cerebro puede aprender:
“Menos mal que he parado.”
La próxima vez aparecen las primeras sensaciones y vuelves a detenerte.
Después empiezas a evitar la autopista.
Más adelante prefieres no conducir solo/a.
Posteriormente necesitas que otra persona te lleve al trabajo.
Y puede establecerse progresivamente una asociación:
Conducir + ansiedad = peligro.
Evitar = seguridad.
La evitación funciona a corto plazo porque reduce el malestar.
Precisamente por eso puede convertirse en un poderoso mecanismo de mantenimiento.
Afrontar permite generar un aprendizaje diferente
Cuando permanecemos ante aquello que tememos en unas condiciones adecuadas, nuestro cerebro tiene la oportunidad de recibir información nueva.
Podemos empezar a comprobar:
“He sentido ansiedad y no ha ocurrido necesariamente aquello que anticipaba.”
“Mi corazón se ha acelerado y eso no ha significado automáticamente una catástrofe.”
“He sentido que iba a perder el control, pero sentirlo no significa necesariamente haberlo perdido.”
“La activación ha aumentado y después ha cambiado.”
“No siempre necesito escapar para estar a salvo.”
Este aprendizaje es fundamental.
No se trata simplemente de aguantar hasta que el miedo desaparezca.
Se trata de que aquello que nuestro cerebro había aprendido a interpretar como una amenaza pueda adquirir progresivamente otro significado.
¿Qué ocurre si el ataque de pánico aparece mientras estoy conduciendo?
Este es uno de los miedos que más puede limitar posteriormente a una persona.
Durante el ataque puedes pensar:
- “Voy a perder el control del coche.”
- “Voy a desmayarme.”
- “Voy a provocar un accidente.”
- “Tengo que detenerme inmediatamente.”
La sensación puede ser extremadamente convincente.
Pero necesitamos diferenciar algo fundamental:
sentir que estás perdiendo el control no significa necesariamente que estés perdiendo realmente el control del vehículo.
Durante el pánico el sistema de alarma está intensamente activado. Por eso las sensaciones son tan fuertes y la percepción de amenaza resulta tan convincente.
Si cada vez que aparece esa sensación respondemos automáticamente abandonando la situación, podemos reforzar:
“No ocurrió nada porque escapé.”
Dentro de un tratamiento psicológico individualizado podemos trabajar precisamente para modificar esta asociación.
Si mantienes la capacidad para conducir de manera segura, la aparición de ansiedad no tiene por qué convertirse automáticamente en una señal para escapar de la situación.
Puedes reconocer:
“Estoy teniendo un ataque de pánico.”
“Mi sistema de alarma está activado.”
“Sentir que voy a perder el control no significa necesariamente que lo esté perdiendo.”
“No necesito interpretar cada sensación como una catástrofe.”
“Esta activación no aumentará indefinidamente.”
“Puedo permitir que siga su curso.”
El objetivo es generar una experiencia nueva:
“Puedo experimentar estas sensaciones y no ocurre aquello que mi miedo me decía que iba a ocurrir.”
Naturalmente, esto no significa ignorar una incapacidad objetiva para conducir ni síntomas que puedan tener otro origen médico. La seguridad vial debe preservarse.
Pero tampoco debemos confundir automáticamente la intensa sensación subjetiva de pérdida de control propia del pánico con una pérdida real del control del vehículo.
“Volveré a conducir cuando deje de tener miedo”
Esta idea parece lógica.
Pero puede convertirse en una trampa.
- Esperamos a sentirnos completamente seguros para volver a conducir.
- Esperamos a no tener ansiedad para regresar al trabajo.
- Esperamos a saber con certeza que no tendremos otro ataque para volver a salir solos.
Y esa certeza quizá nunca llegue mientras continuemos evitando.
En ocasiones necesitamos cambiar el orden:
No siempre es: primero desaparece el miedo y después recupero mi vida.
Puede ser:
empiezo progresivamente a recuperar mi vida → genero nuevas experiencias → aumenta mi sensación de capacidad → el miedo comienza a perder fuerza.
Ataques de pánico y baja laboral: ¿debo pedirla?
No existe una respuesta idéntica para todas las personas.
Una baja laboral puede estar indicada en determinadas situaciones y su valoración corresponde al profesional médico competente.
Pero desde la psicoterapia podemos hacernos una pregunta adicional:
¿Qué función está teniendo para mí dejar de acudir al trabajo?
No es lo mismo necesitar temporalmente una baja por nuestro estado general que intentar garantizar mediante ella:
“Si no voy al trabajo, no me volverá a dar un ataque.”
También debemos tener en cuenta las características concretas del puesto, el estado de la persona y cualquier circunstancia relacionada con la seguridad.
Por eso la decisión debe individualizarse.
Lo importante psicológicamente es evitar que el miedo sea el único criterio que determine progresivamente todo aquello que dejamos de hacer.
“No me veo capaz”
Cuando estamos muy asustados podemos sentirnos incapaces de hacer prácticamente cualquier cosa.
Por eso también conviene diferenciar:
“No puedo hacerlo”
de
“Tengo muchísimo miedo de hacerlo.”
No significan necesariamente lo mismo.
Una persona puede sentirse incapaz porque anticipa que experimentará ansiedad.
Precisamente ahí podemos empezar a trabajar.
No obligándola ni minimizando lo que siente, sino ayudándola a comprobar progresivamente qué puede hacer incluso cuando el miedo está presente.
Quedarme en casa hasta que se me pase
Después de una experiencia tan intensa es comprensible querer protegernos.
Pero si nuestra estrategia se convierte sistemáticamente en evitar aquello que activa el miedo, nuestra vida puede ir reduciéndose.
Primero dejamos de conducir.
Después evitamos la autopista.
Posteriormente evitamos salir solos.
Luego determinados lugares.
Viajes.
Centros comerciales.
Transporte público.
Trabajo.
Alejarnos de casa.
La persona termina intentando construir una vida en la que sea imposible experimentar ansiedad.
Y paradójicamente puede acabar viviendo cada vez más pendiente de ella.
Cuando llevamos muchos años evitando aquello que nos produce miedo
En algunas personas el ataque de pánico forma parte de una historia más amplia de evitación.
Durante años pueden haber intentado alejarse de situaciones, emociones, conflictos, recuerdos o experiencias que producían demasiado malestar.
En estos casos puede ser necesario trabajar no solamente el ataque actual.
También necesitamos comprender qué papel ha tenido la evitación a lo largo de la vida de esa persona y qué experiencias difíciles o traumáticas pueden estar relacionadas con su manera de responder actualmente al miedo.
El objetivo no es obligarla a sufrir.
Es ayudarla a desarrollar progresivamente una capacidad diferente:
sentir sin tener que escapar automáticamente de aquello que siente.
¿Y si llevo años tomando medicación y sigo teniendo ataques?
Algunas personas llegan a terapia después de años de tratamiento farmacológico y continúan experimentando ataques de pánico, miedo anticipatorio o importantes limitaciones.
Esto no significa que la medicación sea peligrosa ni que haya que retirarla.
Tampoco significa necesariamente que no haya resultado útil.
Significa que puede ser necesario valorar también qué mecanismos psicológicos continúan manteniendo el problema.
Puede seguir existiendo:
- miedo a las sensaciones corporales;
- interpretaciones catastróficas;
- hipervigilancia;
- miedo anticipatorio;
- evitación;
- conductas de seguridad;
- experiencias emocionales que necesitan ser trabajadas.
Psicoterapia y tratamiento farmacológico pueden coexistir.
Cuando la medicación se convierte psicológicamente en seguridad
En ocasiones aparecen pensamientos como:
- “Sin la pastilla no puedo salir.”
- “Tengo que llevarla siempre conmigo por si me ocurre algo.”
- “Sin medicación no puedo conducir.”
- “Si noto ansiedad tengo que tomar algo inmediatamente.”
La medicación puede estar prescrita adecuadamente y, al mismo tiempo, haber adquirido para esa persona una función psicológica de seguridad.
Esto también puede explorarse en terapia.
No corresponde al psicólogo modificar ni retirar una medicación prescrita.
Si se considera conveniente revisar el tratamiento farmacológico, será el profesional médico responsable quien valore si debe mantenerse, modificarse o reducirse y cómo hacerlo de forma segura.
Desde la psicoterapia podemos trabajar paralelamente para que la persona desarrolle recursos propios, comprenda su miedo y recupere progresivamente las situaciones que ha ido evitando.
Afrontar no significa exponerse de cualquier manera
Trabajar la evitación tampoco significa obligarnos a realizar inmediatamente aquello que más miedo nos produce.
El proceso debe adaptarse a cada persona.
Podemos trabajar sobre:
- las sensaciones corporales temidas;
- el significado que les atribuimos;
- los pensamientos catastróficos;
- el miedo anticipatorio;
- las conductas de seguridad;
- la hipervigilancia;
- las situaciones que hemos empezado a evitar;
- las experiencias difíciles relacionadas con nuestros miedos.
El objetivo no es demostrar valentía.
Es generar nuevos aprendizajes.
El objetivo no es no volver a sentir ansiedad
La ansiedad forma parte de nuestro sistema de protección.
Por eso el objetivo no consiste en garantizar que nunca volveremos a sentir miedo, activación o sensaciones desagradables.
El objetivo es que esas sensaciones dejen de decidir por nosotros.
Que podamos volver a conducir.
Trabajar.
Viajar.
Salir solos.
Alejarnos de casa.
Entrar en lugares que habíamos empezado a evitar.
Y recuperar progresivamente aquellas partes de nuestra vida que el miedo había ido ocupando.
Terapia online para ataques de pánico
Si has experimentado uno o varios ataques de pánico y desde entonces vives pendiente de cuándo aparecerá el siguiente, podemos trabajar sobre ello.
En las primeras sesiones podemos valorar:
- qué está ocurriendo;
- qué sensaciones temes;
- qué significado les estás dando;
- qué situaciones has empezado a evitar;
- qué haces para intentar sentirte seguro/a;
- qué experiencias pueden estar relacionadas con tu miedo;
- y qué necesitamos trabajar para recuperar progresivamente tu autonomía.
Soy María Jesús Suárez Duque, Psicóloga General Sanitaria, y trabajo desde un enfoque integrativo adaptado a las necesidades y circunstancias de cada persona.
El objetivo no es decirte simplemente:
“No tengas miedo.”
Es ayudarte a comprender qué está ocurriendo, aprender a relacionarte de otra manera con las sensaciones que ahora interpretas como peligrosas y recuperar progresivamente aquello que el miedo ha empezado a limitar.
Puedes solicitar una primera sesión de psicología online para valorar tu caso.
Preguntas frecuentes
¿Es mejor coger una baja laboral después de un ataque de pánico?
Depende de cada situación. En determinados casos puede estar indicada y corresponde al profesional médico valorar la incapacidad temporal. Desde psicología también es importante analizar si dejar temporalmente de trabajar responde a una necesidad concreta o si está comenzando a convertirse en una forma de evitar aquello que tememos.
¿Tengo que esperar a que desaparezca el miedo antes de volver al trabajo?
No necesariamente. En determinados problemas de ansiedad, esperar a sentir una seguridad absoluta antes de recuperar las actividades puede mantener la evitación. El proceso debe individualizarse y realizarse de acuerdo con las circunstancias de cada persona.
¿Sentir que voy a perder el control significa que realmente voy a perderlo?
No necesariamente. Una característica del pánico es precisamente la intensa percepción de amenaza. En terapia trabajamos la diferencia entre las sensaciones y pensamientos que aparecen durante el ataque y aquello que está sucediendo realmente.
¿Qué hago si aparece un ataque de pánico mientras conduzco?
Reconocer lo que está ocurriendo y no interpretar automáticamente las sensaciones como una catástrofe puede ayudar a modificar el miedo. La sensación subjetiva de pérdida de control no equivale necesariamente a una pérdida real del control del vehículo. El abordaje debe individualizarse y preservar siempre la seguridad vial.
¿Evitar conducir puede aumentar mi miedo?
La evitación puede proporcionar alivio inmediato. Cuando se convierte en nuestra respuesta habitual, puede contribuir a reforzar la percepción de que conducir es peligroso y dificultar posteriormente la recuperación.
¿Puedo tener ataques de pánico aunque tome medicación?
Sí. Pueden mantenerse mecanismos psicológicos como el miedo anticipatorio, la interpretación catastrófica de las sensaciones, la hipervigilancia o la evitación. La psicoterapia puede trabajar estos factores independientemente de que exista tratamiento farmacológico.
¿Tengo que dejar la medicación para hacer terapia?
No. Nunca debes modificar o retirar por tu cuenta una medicación prescrita. Cualquier cambio debe ser valorado por el profesional médico responsable. Psicoterapia y tratamiento farmacológico pueden realizarse conjuntamente.
¿La terapia consiste simplemente en enfrentarme a aquello que me da miedo?
No. El afrontamiento forma parte de un proceso más amplio en el que comprendemos qué ocurre, qué significado tienen las sensaciones, qué pensamientos aparecen, qué conductas mantienen el miedo y qué experiencias necesitan ser trabajadas.
¿Se pueden superar los ataques de pánico?
Los ataques de pánico pueden abordarse mediante tratamiento psicológico. Un objetivo importante es que las sensaciones dejen de interpretarse automáticamente como señales de una catástrofe y que la persona pueda recuperar progresivamente aquellas situaciones que el miedo había empezado a limitar
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Psicóloga online y presencial en Vecindario infantil, adolescentes, adultos y mayores
Soy María Jesús, psicóloga online y presencial en Vecindario. Acompaño a personas de todas las edades a comprender lo que sienten, recuperar su equilibrio emocional y construir una vida más plena, con herramientas psicológicas eficaces y un trato humano y cercano.
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