Rompemos y volvemos constantemente: ¿Cómo afecta a los hijos?

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Rompemos y volvemos constantemente: cómo afecta la inestabilidad de pareja a los hijos

“Rompemos, volvemos, estamos bien durante un tiempo y después ocurre otra vez.”

Algunas parejas entran en una dinámica de rupturas y reconciliaciones constantes de la que resulta difícil salir. Después de una discusión llega el distanciamiento o la separación; cuando disminuye el enfado aparecen la añoranza, las dudas o el miedo a perder definitivamente la relación; la pareja vuelve a intentarlo y durante un tiempo parece que las cosas han cambiado.

Hasta que reaparecen los mismos problemas.

Cuando hay hijos, esta inestabilidad no afecta únicamente a la relación de pareja. Los niños y adolescentes también tienen que adaptarse a cada separación, cada reconciliación y cada cambio que se produce dentro de la familia.

Por eso, una pregunta frecuente es: ¿cómo afecta a los hijos que sus padres rompan y vuelvan constantemente?

La respuesta no depende únicamente de si los padres permanecen juntos o separados. Importan especialmente el nivel de conflicto, la frecuencia e intensidad de los cambios, la manera de comunicárselos a los hijos y, sobre todo, la capacidad de los adultos para proporcionarles un entorno emocionalmente seguro y previsible.

¿Por qué algunas parejas rompen y vuelven constantemente?

No todas las parejas que rompen y se reconcilian lo hacen por las mismas razones.

En ocasiones existe un vínculo afectivo importante, pero la pareja no ha conseguido aprender a gestionar determinadas diferencias. En otras aparecen problemas de comunicación, celos, dependencia emocional, infidelidades, resentimiento, dificultades para establecer límites, miedo a la soledad o necesidades emocionales que ninguno de los dos consigue expresar de una manera adecuada.

Puede establecerse entonces un ciclo:

conflicto → distanciamiento → ruptura → alivio inicial → añoranza → acercamiento → reconciliación → nuevo conflicto.

La reconciliación produce esperanza. Ambos pueden pensar que esta vez será diferente.

Pero volver no significa necesariamente haber solucionado aquello que provocó la ruptura.

Si durante la separación no se han comprendido las causas del conflicto ni se han producido cambios relevantes en la relación, es posible que, pasado el periodo inicial de reconciliación, reaparezcan las mismas dificultades.

Y comienza nuevamente el ciclo.

¿Cómo afecta a los hijos que sus padres rompan y vuelvan?

Los niños necesitan vínculos afectivos seguros, pero también necesitan cierta estabilidad y previsibilidad en su vida cotidiana.

Esto no significa que unos padres deban continuar juntos necesariamente para proteger a sus hijos.

Significa que un niño necesita saber, en la medida de lo posible, qué puede esperar de los adultos responsables de su cuidado.

Cuando los padres se separan repetidamente, el menor puede tener que adaptarse una y otra vez a situaciones diferentes.

Un progenitor se marcha.

Después vuelve.

Los padres dicen que se han separado.

Semanas después vuelven a estar juntos.

Regresa la tranquilidad.

Aparece otra discusión.

Y el niño empieza nuevamente a preguntarse qué va a suceder.

El problema puede no estar, por tanto, en una ruptura aislada, sino en la exposición repetida a incertidumbre, cambios y conflictos que el menor no puede controlar ni comprender completamente.

“¿Papá y mamá se van a separar otra vez?”

Cuando las rupturas se repiten, algunos niños empiezan a estar especialmente pendientes de la relación de sus padres.

Observan pequeños cambios que anteriormente podían pasarles inadvertidos.

Si sus padres se hablan.

Si duermen juntos.

Si uno está más serio.

Si mamá está llorando.

Si papá vuelve tarde.

Si alguien prepara una maleta.

Una discusión que para los adultos puede parecer poco importante puede activar inmediatamente una preocupación:

“¿Se van a separar otra vez?”

El niño puede vivir entonces los periodos de tranquilidad con cierta inseguridad porque su experiencia anterior le ha enseñado que esa tranquilidad puede terminar.

La pérdida de seguridad emocional

Uno de los aspectos que merece especial atención es la seguridad emocional del menor.

Un niño no necesita una familia perfecta ni unos padres que nunca discutan. Necesita adultos capaces de proporcionarle cuidado, protección y una estructura suficientemente estable.

Cuando el ambiente familiar cambia constantemente, algunos niños pueden desarrollar una mayor preocupación respecto a la continuidad de la familia.

Pueden aparecer preguntas repetitivas, necesidad de recibir confirmación de que sus padres no se marcharán, dificultad para separarse de ellos o una especial sensibilidad ante cualquier conflicto.

Otros niños reaccionan de manera completamente diferente: aparentemente dejan de preguntar y se distancian emocionalmente.

Que un niño no hable del problema no significa necesariamente que no lo esté percibiendo.

¿Qué señales pueden aparecer?

Las reacciones son diferentes en cada menor y no debe interpretarse automáticamente cualquier cambio de comportamiento como consecuencia de los problemas de pareja.

Sin embargo, cuando coinciden temporalmente con las crisis familiares, conviene prestar atención a determinadas manifestaciones:

  • mayor irritabilidad o enfados;
  • tristeza o llanto;
  • preocupación excesiva;
  • miedo a que uno de los padres se marche;
  • problemas para dormir;
  • pesadillas;
  • mayor dependencia de los progenitores;
  • dificultades de concentración;
  • cambios en el rendimiento escolar;
  • aislamiento;
  • problemas de comportamiento;
  • conductas regresivas en los niños más pequeños;
  • rechazo o enfado hacia uno de los progenitores.

Más que un síntoma aislado, debemos valorar su intensidad, duración y repercusión en la vida cotidiana del niño.

Cómo puede afectar según la edad

Niños pequeños

Los niños pequeños no comprenden las relaciones de pareja como un adulto.

Pueden percibir que algo está ocurriendo, pero no disponer todavía de recursos cognitivos y emocionales suficientes para interpretarlo.

Por eso pueden aparecer mayor apego a las figuras cuidadoras, dificultades para dormir, irritabilidad, miedo a quedarse solos o comportamientos que parecían ya superados.

Necesitan explicaciones sencillas y, sobre todo, comprobar mediante la experiencia que continúan siendo cuidados.

Niños en edad escolar

A medida que aumenta su capacidad para comprender lo que sucede, también pueden aparecer nuevas preocupaciones.

Algunos niños intentan buscar explicaciones:

“¿Por qué se han separado?”

“¿Quién tiene la culpa?”

“¿Van a volver?”

Incluso pueden preguntarse si alguna conducta suya ha contribuido al problema.

Es especialmente importante transmitirles claramente que los problemas de pareja pertenecen a los adultos y que ellos no son responsables de solucionarlos.

Adolescentes

Los adolescentes comprenden mucho mejor las dificultades existentes, pero eso no significa que sean inmunes a ellas.

Pueden mostrar enfado, distanciamiento, rechazo hacia alguno de los progenitores o cansancio ante reconciliaciones que ya han presenciado anteriormente.

También pueden formarse determinadas ideas sobre las relaciones afectivas a partir de lo que observan en casa.

Por eso es importante no convertir al adolescente en confidente de los problemas íntimos de la pareja simplemente porque tenga mayor capacidad para comprenderlos.

Cuando los hijos intentan conseguir que sus padres vuelvan

Algunos hijos desean intensamente la reconciliación.

Pueden pedir a sus padres que vuelvan, intentar generar situaciones para que estén juntos o mostrarse especialmente felices cuando se produce un acercamiento.

Es comprensible.

La reconciliación puede representar para ellos la recuperación de la familia conocida y, sobre todo, el final momentáneo de la incertidumbre.

Pero esto puede crear una dificultad adicional.

Si el niño comienza a creer que puede influir en que sus padres permanezcan juntos, puede asumir una responsabilidad que no le corresponde.

Las decisiones acerca de la relación pertenecen a los adultos.

El niño necesita saber que no tiene que salvar la relación de sus padres.

¿Qué ocurre cuando los padres vuelven “por los hijos”?

Una de las razones por las que algunas parejas se reconcilian es el temor a perjudicar a sus hijos.

“Vamos a intentarlo otra vez por ellos.”

La intención puede ser protectora, pero es importante distinguir entre volver porque existe una decisión real de trabajar sobre la relación y volver únicamente para evitar que los hijos sufran una separación.

Si los problemas fundamentales permanecen intactos, es posible que la convivencia vuelva a deteriorarse y que los hijos terminen expuestos nuevamente al conflicto y a otra ruptura.

Por eso la pregunta no debería ser solamente:

“¿Debemos seguir juntos por nuestros hijos?”

También conviene preguntarse:

“¿Qué tipo de relación y qué ambiente familiar estamos ofreciendo a nuestros hijos?”

Cuando el hijo queda atrapado entre sus padres

Uno de los aspectos que más conviene evitar durante las crisis es situar al menor en medio del conflicto.

Puede suceder de formas aparentemente pequeñas:

“Dile a tu padre que mañana no venga.”

“Pregúntale a tu madre qué piensa hacer.”

“Tu padre es quien ha decidido irse.”

“Cuando seas mayor entenderás lo que me ha hecho tu madre.”

El niño pasa entonces de ser hijo a convertirse en mensajero, intermediario, confidente o incluso juez de la relación.

Esto puede generar un conflicto de lealtades: querer a ambos progenitores y sentir, al mismo tiempo, que apoyar a uno significa traicionar al otro.

Los hijos no deberían tener que elegir.

¿Es mejor separarse definitivamente?

No existe una respuesta válida para todas las parejas.

Una separación no provoca necesariamente problemas psicológicos en los hijos, de la misma manera que mantener la convivencia no garantiza su bienestar.

Hay parejas que atraviesan una crisis importante, trabajan sobre ella y consiguen reconstruir una relación satisfactoria.

También existen situaciones en las que los adultos deciden finalmente separarse y consiguen establecer una relación parental suficientemente estable.

Por eso, más que plantear la cuestión exclusivamente como “juntos o separados”, es necesario considerar la calidad del entorno familiar que acompaña a cualquiera de esas decisiones.

Cómo proteger a los hijos durante una crisis de pareja

Aunque los adultos todavía no sepan qué decisión van a tomar, existen algunas pautas especialmente importantes.

Los hijos no deberían participar en las discusiones ni conocer detalles íntimos de la relación. Tampoco deberían utilizarse como mensajeros ni ser interrogados acerca de lo que hace el otro progenitor.

Conviene mantener, siempre que sea posible, sus rutinas habituales y ofrecer información adecuada a su edad.

Y hay tres mensajes especialmente importantes:

“Esto es un problema entre adultos.”

“Tú no eres responsable.”

“Los dos seguimos siendo tus padres y seguimos queriéndote.”

No es necesario prometer aquello que todavía no sabemos.

Decir “nunca nos vamos a separar” cuando la pareja está considerando seriamente hacerlo puede proporcionar tranquilidad inmediata, pero también generar mayor desconcierto posteriormente.

Es preferible ofrecer seguridad sobre aquello que sí podemos garantizar: el cuidado, el afecto y la ausencia de responsabilidad del menor sobre las decisiones de los adultos.

¿Qué no conviene hacer delante de los hijos?

Durante una crisis de pareja es recomendable evitar:

  • discutir intensamente delante de ellos;
  • descalificar al otro progenitor;
  • pedirles que tomen partido;
  • contarles detalles de infidelidades u otros conflictos íntimos;
  • preguntarles con quién quieren vivir como forma de presionar al otro;
  • utilizarlos para obtener información;
  • amenazar continuamente con marcharse;
  • anunciar separaciones durante una discusión y posteriormente actuar como si nada hubiera sucedido.

Los hijos necesitan comprender que los adultos pueden tener problemas sin que ellos tengan que hacerse cargo emocionalmente de esos problemas.

¿Cuándo puede ser conveniente buscar ayuda?

Cuando una pareja lleva meses o años entrando y saliendo de la misma dinámica, puede resultar difícil analizar lo que ocurre desde dentro de la propia relación.

Especialmente si después de cada reconciliación existe el convencimiento de que “esta vez será diferente”, pero finalmente vuelven a producirse los mismos conflictos.

También puede ser conveniente solicitar ayuda cuando los problemas de pareja empiezan a interferir significativamente en el ambiente familiar o cuando los hijos muestran un malestar persistente coincidiendo con las crisis.

Buscar ayuda no significa necesariamente intentar mantener la relación a cualquier precio.

También puede servir para comprender por qué la pareja rompe y vuelve continuamente, qué mantiene ese patrón y qué cambios serían necesarios para tomar decisiones más conscientes.

Terapia de pareja y orientación familiar online

La terapia de pareja online puede proporcionar un espacio profesional para analizar qué está ocurriendo en la relación sin limitar el trabajo únicamente a la última discusión.

Puede ayudar a identificar los patrones que se repiten, mejorar la comunicación, abordar dificultades emocionales y comprender qué ocurre antes de cada ruptura y qué lleva posteriormente a la reconciliación.

Cuando existen hijos, la orientación familiar online permite trabajar también sobre la forma en que los adultos están gestionando la crisis: qué comunicar a los menores, cómo hacerlo de acuerdo con su edad, cómo mantenerlos fuera del conflicto y cómo proporcionarles mayor estabilidad mientras los padres deciden qué hacer con su relación.

El objetivo no consiste en decidir por la pareja si debe continuar junta o separarse.

Como Psicóloga General Sanitaria, ofrezco terapia de pareja y orientación familiar online para abordar dificultades de pareja, crisis, distanciamiento, problemas de comunicación y situaciones de ruptura y reconciliación repetidas.

Si sentís que vuestra relación se ha convertido en un ciclo de romper y volver una y otra vez y os preocupa cómo esta situación puede estar afectando a vuestros hijos, podéis solicitar una consulta psicológica online para valorar vuestra situación.

Preguntas frecuentes

¿Es malo para los hijos que sus padres rompan y vuelvan?

No puede establecerse una consecuencia automática. Es necesario valorar, entre otros aspectos, la frecuencia de las rupturas, el conflicto existente, la edad del menor, los cambios que se producen en su vida y cómo gestionan los progenitores la situación.

¿Es mejor seguir juntos por los hijos?

No necesariamente. El bienestar de los hijos no depende únicamente de que los padres vivan juntos. También son importantes la estabilidad, el cuidado, la seguridad emocional y el nivel de conflicto existente en la familia.

¿Debemos contarles que estamos pensando en separarnos?

Los hijos necesitan información adecuada a su edad sobre aquellas decisiones que afectan directamente a su vida. Sin embargo, no deberían participar en los conflictos íntimos de los adultos ni recibir información que los sitúe entre ambos progenitores.

¿Podemos hacer terapia de pareja aunque no sepamos si queremos continuar?

Sí. No es imprescindible haber decidido previamente mantener la relación. La terapia puede utilizarse para comprender la situación, identificar patrones y trabajar sobre las dificultades antes de tomar decisiones.

¿Es posible hacer terapia de pareja completamente online?

Sí. La terapia de pareja puede realizarse mediante videollamada cuando la situación y las características del caso permiten este formato. También facilita que ambos miembros participen desde lugares distintos cuando sea necesario.

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Psicóloga online y presencial en Vecindario infantil, adolescentes, adultos y mayores

Soy María Jesús, psicóloga online y presencial en Vecindario. Acompaño a personas de todas las edades a comprender lo que sienten, recuperar su equilibrio emocional y construir una vida más plena, con herramientas psicológicas eficaces y un trato humano y cercano.

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