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María Jesús Suárez Duque – Doctoralia.es
Psicóloga online y en Vecindario especializada en Violencia y Maltrato
Psicóloga online: ¿Cómo trabajo en terapia con mujeres que han sufrido violencia física o psicológica?
Sufrir violencia dentro de una relación puede afectar mucho más allá de los momentos concretos en los que se producen las agresiones, las amenazas, las humillaciones o el control.
Con el tiempo, una mujer puede empezar a dudar de sí misma, cuestionar sus propias percepciones, sentirse culpable, vivir en alerta o tener dificultades para saber qué quiere y qué necesita.
Y pedir ayuda tampoco siempre resulta sencillo.
Quizá todavía estés dentro de la relación. Puede que hayas terminado, pero continúes sintiendo sus consecuencias. Tal vez tengas muy claro que has sufrido maltrato o quizá todavía dudes de si aquello que viviste fue realmente violencia.
No necesitas tener todas esas respuestas antes de acudir a terapia.
Mi forma de trabajar parte de algo esencial: ofrecer un espacio en el que puedas comprender lo que estás viviendo o has vivido sin sentirte juzgada, presionada ni obligada a tomar decisiones para las que todavía no estás preparada.
No necesitas contarme todo en la primera sesión
Cuando una persona ha vivido situaciones de violencia, puede existir la idea de que acudir a terapia significa tener que explicar inmediatamente todo lo sucedido.
No tiene por qué ser así.
No necesitas reconstruir toda tu historia en la primera consulta ni proporcionar detalles para demostrar que aquello que viviste fue suficientemente grave.
Podemos avanzar progresivamente, respetando aquello de lo que puedas hablar en cada momento.
La intervención psicológica con mujeres que han sufrido violencia debe prestar atención no solamente a qué se trabaja, sino también a cómo se trabaja.
Escuchar sin juzgar, preguntar por las necesidades de la persona, validar su experiencia, valorar su seguridad y ofrecer información y apoyo son elementos fundamentales de la primera respuesta recomendada por la Organización Mundial de la Salud.
Ser escuchada sin sentirte juzgada
Una mujer que ha vivido violencia puede haber escuchado preguntas como:
«¿Por qué no te fuiste antes?»
«¿Por qué volviste con él?»
«¿Cómo pudiste permitir eso?»
Pero estas preguntas pueden ignorar la complejidad de las relaciones en las que existe violencia.
Una persona puede sentir miedo y continuar queriendo a su pareja. Puede reconocer comportamientos dañinos y, al mismo tiempo, recordar etapas buenas de la relación. Puede querer marcharse y después dudar. Puede sentirse enfadada, culpable, avergonzada, triste o confundida.
Incluso después de terminar la relación puede preguntarse:
«¿Y si estoy exagerando?»
En terapia, esas contradicciones no necesitan ser juzgadas. Necesitan ser comprendidas.
Validar lo que has vivido no significa decidir por ti
Este es uno de los aspectos que considero más importantes.
Después de haber vivido una relación en la que otra persona ha intentado controlar decisiones, emociones, relaciones o comportamientos, la terapia no debería convertirse en otro espacio en el que alguien vuelva a decirte constantemente qué tienes que hacer.
Por supuesto, como psicóloga puedo ayudarte a identificar comportamientos violentos, señalar situaciones de riesgo, aportar información y trabajar contigo las consecuencias psicológicas de lo ocurrido.
Pero acompañar no significa sustituir tu capacidad para decidir.
Frases como «tienes que dejarlo», «tienes que denunciar» o «yo en tu lugar haría…» pueden parecer bienintencionadas, pero no siempre ayudan a una persona a recuperar autonomía.
Mi objetivo es ayudarte a comprender qué está ocurriendo, qué necesitas, qué riesgos existen y qué posibilidades tienes para que puedas tomar decisiones cada vez más conscientes y seguras.
Si existe violencia actualmente, la seguridad es prioritaria
No es lo mismo trabajar con una mujer que sufrió violencia en una relación pasada que hacerlo cuando las agresiones, amenazas, intimidación o control continúan produciéndose actualmente.
Cuando existe riesgo presente, la seguridad necesita formar parte de la evaluación desde el comienzo.
Esto puede implicar explorar qué está ocurriendo actualmente, si la violencia está aumentando, qué recursos y apoyos existen y qué medidas pueden ser necesarias para aumentar la seguridad.
La OMS incluye expresamente la valoración de las necesidades inmediatas y de la seguridad entre los componentes fundamentales de la atención a mujeres que han sufrido violencia.
Trabajar la seguridad no significa asustarte ni tomar decisiones por ti.
Significa no ignorar un posible riesgo mientras trabajamos otros aspectos psicológicos.
No toda violencia deja marcas visibles
La violencia dentro de una relación no siempre adopta la forma de una agresión física.
Las humillaciones constantes, amenazas, intimidación, aislamiento, control, desvalorización o determinadas formas de manipulación pueden producir un profundo deterioro psicológico.
En ocasiones, precisamente porque no existen lesiones físicas, una mujer puede preguntarse si tiene derecho a sentirse afectada.
Puede pensar:
«Nunca me pegó.»
«Hay personas que han vivido cosas mucho peores.»
«Quizá soy demasiado sensible.»
Pero el sufrimiento psicológico no necesita una lesión visible para ser importante.
Una parte del proceso terapéutico puede consistir precisamente en poner palabras a experiencias que durante mucho tiempo fueron normalizadas, minimizadas o difíciles de comprender.
Comprender lo ocurrido sin convertirte en culpable
Después de una relación violenta es frecuente preguntarse:
«¿Cómo no me di cuenta?»
«¿Por qué aguanté?»
«¿Por qué volví?»
«¿Cómo permití determinadas cosas?»
Comprender nuestra participación en una relación no significa responsabilizarnos de la violencia ejercida por otra persona.
Podemos explorar por qué determinadas situaciones fueron toleradas, qué necesidades existían, qué miedos dificultaban actuar, qué aprendizajes previos influyeron o qué ocurrió para que ciertos límites fueran desplazándose progresivamente.
Pero este trabajo tiene una finalidad: comprender para recuperar capacidad de elección, no buscar culpables dentro de la propia víctima.
No todas las mujeres necesitan trabajar lo mismo
Tampoco parto de que haber sufrido violencia implique automáticamente presentar un determinado trastorno psicológico.
Cada historia es diferente.
Una persona puede experimentar ansiedad, miedo, tristeza, culpa, vergüenza, dificultades para dormir, hipervigilancia, aislamiento o problemas para volver a confiar.
Otra puede encontrarse principalmente desorientada respecto a sus propias decisiones.
Otra puede experimentar recuerdos traumáticos o una respuesta intensa ante determinadas situaciones que le recuerdan lo vivido.
Y otra quizá haya reconstruido gran parte de su vida, pero continúe encontrando dificultades en sus nuevas relaciones.
Por eso, el tratamiento debe partir de una evaluación individual, no únicamente de la etiqueta «víctima de violencia».
Recuperar la confianza en tus propias percepciones
En algunas relaciones violentas, especialmente cuando ha existido maltrato psicológico continuado, una de las consecuencias puede ser empezar a desconfiar del propio criterio.
La persona puede preguntarse constantemente si interpretó mal una situación, si está exagerando o si tiene derecho a sentirse como se siente.
Por eso, uno de los objetivos terapéuticos puede ser recuperar progresivamente la capacidad para reconocer las propias emociones, necesidades, límites y señales de alarma.
No se trata de enseñarte qué debes pensar.
Se trata de ayudarte a recuperar confianza en tu capacidad para observar, valorar y decidir.
Trabajar el trauma cuando sea necesario y cuando sea el momento
En algunas personas será necesario abordar específicamente experiencias traumáticas.
Pero trabajar el trauma no significa obligarte a revivir inmediatamente aquello que sucedió.
Antes puede ser necesario construir suficiente seguridad, comprender determinadas respuestas emocionales, disponer de recursos para manejar el malestar y establecer una relación terapéutica en la que puedas sentirte suficientemente segura.
El ritmo también forma parte del tratamiento.
Volver a establecer límites
Después de una relación marcada por el control o la violencia, puede resultar difícil reconocer cuándo algo nos incomoda y todavía más expresarlo.
Decir «no», manifestar desacuerdo, establecer límites o defender una necesidad puede provocar culpa, miedo o una intensa preocupación por la reacción de la otra persona.
Por eso, el trabajo terapéutico también puede dirigirse a recuperar progresivamente la capacidad de proteger el propio espacio sin sentir que hacerlo convierte a una persona en egoísta, conflictiva o responsable de la reacción de los demás.
Volver a confiar sin dejar de protegerte
Después de sufrir violencia, desconfiar puede haber cumplido una función protectora.
El problema aparece cuando esa protección termina extendiéndose a todas las relaciones.
La terapia no busca que vuelvas a confiar indiscriminadamente.
Busca ayudarte a diferenciar.
Reconocer señales de seguridad y de riesgo. Aprender a observar cómo responde otra persona ante tus límites. Poder acercarte progresivamente sin renunciar a protegerte.
Recuperarse no significa volver a ser exactamente quien eras antes.
Puede significar construir una manera diferente y más segura de relacionarte contigo misma y con los demás.
¿Y si todavía estás con tu pareja y no sabes qué quieres hacer?
También puedes acudir a terapia.
No necesitas haber terminado la relación para pedir ayuda.
Y tampoco necesitas llegar a consulta habiendo decidido si quieres continuar o marcharte.
Podemos trabajar sobre lo que está ocurriendo, comprender cómo te está afectando, valorar la seguridad, identificar necesidades y ayudarte a recuperar claridad para tomar tus propias decisiones.
La ambivalencia no significa que no comprendas lo que ocurre.
A veces forma parte de una situación emocional y relacional extremadamente compleja.
Mi forma de acompañarte en terapia
Trabajo desde un enfoque integrativo, adaptando la intervención a la historia y necesidades de cada persona.
Cuando una mujer ha sufrido violencia física o psicológica, considero especialmente importantes la seguridad, la escucha sin juicio, el respeto a sus tiempos, la comprensión de las consecuencias de lo vivido y la recuperación progresiva de autonomía.
No necesitas convencerme de que sufriste lo suficiente.
No necesitas tener perfectamente ordenada tu historia.
No necesitas llegar sabiendo qué decisión vas a tomar.
Podemos empezar por algo mucho más sencillo:
comprender qué te está ocurriendo ahora y qué necesitas.
Psicóloga para violencia psicológica y física: online y en Vecindario
Si has vivido o estás viviendo una relación marcada por violencia física, violencia psicológica, control, amenazas, humillaciones o miedo y sientes que necesitas ayuda para comprender lo que está ocurriendo y recuperar tu bienestar, puedes solicitar una primera consulta.
Ofrezco atención psicológica online y presencial en Vecindario, Gran Canaria.
La terapia puede convertirse en un espacio para recuperar algo especialmente importante después de haber vivido una relación en la que tus necesidades, emociones o decisiones pudieron quedar relegadas:
tu propia voz.
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Psicóloga online y presencial en Vecindario infantil, adolescentes, adultos y mayores
Soy María Jesús, psicóloga online y presencial en Vecindario. Acompaño a personas de todas las edades a comprender lo que sienten, recuperar su equilibrio emocional y construir una vida más plena, con herramientas psicológicas eficaces y un trato humano y cercano.
Consulta mis especialidades como psicóloga online y en Vecindario:
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